Número 53 | Diciembre de 2020
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El cierre de la trilogía egoísta. Antonio Altarriba
 
 

Antonio Altarriba es uno de los teóricos y guionistas de cómic más importantes del país, Catedrático de Filología Francesa en la Universidad del País Vasco y Premio Nacional de Cómic junto a Kim por El arte de volar. Acaba de publicar con Keko Yo, Mentiroso (Norma Editorial), libro que supone el cierre de la trilogía egoísta y en el que explora el juego político de la España reciente. 

 

¿Qué tal sienta cerrar una trilogía de tanto éxito? ¿Os planteáis convertirla en una saga? 

 

Todavía es pronto para saber cómo ve el público el conjunto de la trilogía. Aunque cada libro es autónomo, este último cierra algunos flecos sueltos de los anteriores y da las claves de una visión global de ciertos aspectos oscuros de nuestra contemporaneidad. Las primeras reacciones que nos llegan parecen buenas.

 

Desde el punto de vista personal, Keko, el dibujante, y yo hemos quedado satisfechos. Todas las tramas encajan y se iluminan (o se ennegrecen) las unas a las otras. Es la alegría de cerrar dignamente un ciclo que nos ha llevado ocho años recorrer.

 

Y no se convertirá en saga. Nunca me ha gustado esa idea de serie que surge de la voluntad de aprovechar algo que da beneficios estirándolo, a veces, hasta lo inverosímil. Nuestros personajes y las situaciones que viven han llegado a su punto final.

 

 

Dar el protagonismo del libro a un trasunto de Iván Redondo, actual Jefe de Gabinete de Pedro Sánchez, supone sacar a la luz los hilos que mueven verdaderamente la política, ¿la ficción va muy lejos o tenemos una realidad que la podría superar? 

 

Iván Redondo se ha convertido en una figura de referencia a la hora de hablar de las personas que asesoran a nuestros dirigentes políticos. Podría ser cualquier otro de los ahora llamados “spin doctors”, asesores, consejeros, coachers… Una numerosa cohorte de personajes cercanos al poder y que, desde las sombras, más que iluminarlo o apuntalarlo, lo construyen.

 

En política siempre se ha hablado de “eminencias grises”, personajes que, desde las sombras, influyen o directamente dictan las decisiones de los gobernantes. Ellos son los que elaboran discursos, argumentarios, estrategias y hasta el aspecto físico de quienes en apariencia mandan. Hemos querido poner el foco en ellos, porque ellos son los que diseñan la imagen y fabrican el discurso del líder. Ahí está la fábrica de la mentira, de la manipulación o, como dirían ellos, del “diseño persuasivo”. En cierta manera ellos escriben el guion que los políticos se limitan a interpretar. 

En el ámbito de la novela gráfica no es tan común que se hagan obras con el trasfondo del juego político, ¿por qué piensas que es así?   

 

Pues resulta bastante extraño porque el juego político es una reserva inagotable de intrigas y de acciones muy “novelescas”. En España hemos tenido partidos calificados judicialmente como “organización criminal”, con una caja B depositada en Suiza y otros paraísos fiscales. Ministros del Interior que condecoraban a vírgenes y que tenían pinchado el despacho con escuchas ilegales y que, además, se dedicaban a conspirar contra partidos rivales. Reyes a la fuga, destrucción de discos duros reclamados por la justicia, exportación a paraísos fiscales de bolsas de basura llenas de billetes de quinientos euros… La lista sería interminable, cerca de mil cargos públicos encausados y entre ochenta y noventa mil millones que se van anualmente por las alcantarillas de la corrupción. 

 

¿Por qué cine, literatura y cómic no toman estas conspiraciones como base narrativa? Seguramente porque la historia de este país nos ha acostumbrado a soportar la corrupción sin rechistar. Creo que en los últimos tiempos se empieza a abrir esa brecha y que no tardará en haber testimonios críticos sobre ella, películas, novelas, series, cómics... Desde luego la materia prima es abundantísima y un mínimo sentido de la justicia obliga a denunciarla, al menos a contarla.

 

Tampoco es habitual la presencia de novelas gráficas que se ambienten en la universidad o que exploren las corporaciones farmacéuticas. Son contextos que aportan a vuestra trilogía muchos elementos propios del género negro. Te vuelvo a hacer la misma pregunta: ¿la realidad podría superar también a la ficción en ambos casos? 

 

No sé si superarla, pero sí igualarla y, desde luego suministrar materia narrativa del mayor interés. No es nada nuevo, la realidad ha inspirado algunas de las ficciones más importantes de nuestra cultura. Creo que en los últimos años la ficción se está distanciando de esta fuente de inspiración. No sólo es desaprovechar un rico filón de historias sino desentenderse de los problemas que afectan a muchas personas en un período determinado. Y, aunque pueda parecer anticuado, siempre he pensado que el compromiso en el arte es importante. Y que retratar o denunciar los hechos que nos dañan o limitan nuestra libertad constituye un deber ciudadano y, en mi opinión, también creativo. La impostura intelectual y artística, dentro y fuera de la Universidad, el papel que desempeñan en nuestras vidas las decisiones tomadas por las grandes corporaciones, con un poder creciente, o cómo nos construyen el relato político constituyen algunos de los brochazos más importantes y vergonzosos que pintan nuestra contemporaneidad.

 

Yo, Asesino y Yo, Mentiroso están protagonizados por verdaderos sociópatas que ocupan buenas posiciones a nivel social y que ejercen el poder. Resulta inevitable pensar: ¿la clave del éxito en la vida es el egoísmo?  

 

Desgraciadamente, sí. Se les llama “psicócratas” en la jerga psicológica. Un directivo, un cargo político o el jefe de una gran multinacional, dirimen constantemente entre el bien común y el privado de su empresa o de su partido político. En ese dilema entran en juego, compiten, la empatía y la ambición. Pensando en el beneficio de los demás, uno no se hace rico. El ejercicio del poder político, social y económico exige muy a menudo supeditar los medios al fin. No se trata de una situación irremediable. Es la consecuencia de un sistema basado en la competitividad y el crecimiento constante y a toda costa (o a cualquier coste) de los beneficios. Sin ánimo de generalizar, el sistema actual recompensa al “psicócrata”.

 

Yo, Loco muestra el control que se puede ejercer en la población a través de la medicación. En pleno contexto de emergencia de las vacunas contra la COVID-19, ¿sería necesario que las empresas farmacéuticas estuvieran más reguladas a nivel público? ¿El negocio tendría que transformarse en parte del estado del bienestar? 

 

Sí. La industria farmacéutica gestiona nuestro bien más preciado, la salud. Y lo hace de manera crecientemente opaca y apoyándose en uno de los lobbies más poderosos en el ámbito internacional. Los presidentes de algunas farmacéuticas han reconocido que se guían por los criterios del marketing y no por las prioridades investigadoras o sanitarias. El negocio no está en sanarnos para que dejemos de tomar medicamentos sino en cronificarnos para que no podamos prescindir de ellos. Constituye una gran vileza, pero a la hora de elegir entre las ganancias y la salud pública, los ejecutivos parecen tenerlo claro: las ganancias. Y esto, que no puede generalizarse a todas las empresas ni a todos los ámbitos de la farmacología, se practica con especial irresponsabilidad en los psicofármacos. 

 

El arte contemporáneo es uno de los muchos elementos de conexión entre los tres libros, ¿se está llevando demasiado lejos la idea del artista estrella y la cotización de ciertas obras? ¿Hasta qué punto vivimos en la “sociedad del espectáculo”, citando a Guy Debord? 

 

Decimos a menudo que la ciudadanía se ha distanciado, incluso ha desconectado, de sus políticos. Algo parecido ha ocurrido con el arte contemporáneo. ¿Quién construye la obra de arte? ¿El artista, el comisario, el crítico, el galerista, el director del museo…? Todo ello sin mencionar los movimientos especulativos que hacen que suban o bajen las cotizaciones de ciertos artistas. Cada vez son más numerosos los teóricos que critican el rumbo tomado por ciertas corrientes artísticas desde mediados del siglo pasado. La abstracción, el creciente papel de la conceptualización, la performance establecida unilateralmente por el artista han quebrado ese vínculo directo e íntimo que la obra debe establecer con el público. Demasiada y muy sospechosa mediatización.

 

¿En qué guion estás trabajando estos días? ¿Se trata también de un thriller

 

No. Dejo el thriller después de esta trilogía. Vuelvo a la Odisea, al viaje sembrado de peligros y que exige decisión y coraje al viajero. Hoy asistimos a una odisea incesante y que procuramos ocultar o permitimos que nos oculten. Es la odisea de migrantes y refugiados en busca de una Ítaca ensoñada. Pasan meses, a veces años recorriendo largas distancias con los mínimos recursos, sufren todo tipo de humillaciones, explotaciones y violaciones. Muchos mueren en el camino. Y los que llegan no encuentran el paraíso soñado. Ese es el tema de fondo del cómic que ya he empezado a guionizar y que dibujará Sergio García, el dibujante que mejor puede hacerlo, en mi modesta opinión. 

 

 

Julio GRACIA LANA
Secretario de AACA, miembro de AECA y AICA

Fecha de Entrega: 28/12/2020
Fecha de Admisión: 30/12/2020


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