Número 26 | Marzo de 2014
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Abel Martín, serígrafo y artista
la Fundación Museo Salvador Victoria, Rubielos de Mora (Teruel)
 
 

La personalidad artística de Abel Martín (Mosqueruela, 1931) ha permanecido durante mucho tiempo en la sombra: en vida voluntariamente oculta tras el aura deslumbrante de Eusebio Sempere; una vez muerto, la truculencia de su asesinato ha centrado los focos reduciendo su figura a protagonista de un oscuro y triste capitulo en la crónica negra de la España de los noventa.

Veinte años después de su violenta muerte, la Fundación Museo Salvador Victoria en Rubielos de Mora ha planteado, con  la exposición “Abel Martín. Serígrafo”, el inicio del camino para la necesaria, y por largo tiempo pendiente,  recuperación de la trayectoria artística de Abel Martín. 

A la hora de aproximarse al estudio y valoración de la labor creativa de Abel Martín han de considerarse tres facetas fundamentales: su imprescindible participación en la obra de Eusebio Sempere, su trabajo como serígrafo de los artistas más destacados de su tiempo y por último su poco conocido trabajo de creación personal.

Durante mucho tiempo el nombre de Abel Martín ha venido emparejado al de Eusebio Sempere, a quién conoció en Paris, y con quien va a “compartir su ciclo vital”, usando las  palabras del guardia civil Joaquín Palacios, encargado de investigar su muerte, asépticas pero quizás por ello bastante más claras que la rastra de eufemismos utilizados de forma habitual para soslayar la naturaleza de su relación personal.

En el plano profesional, como reconoce Pablo Ramírez “Todavía no se ha abordado convenientemente el tema de la estrecha colaboración profesional que mantuvieron ininterrumpidamente durante varias décadas. Es un tema apasionante y pendiente, pero lo cierto es que existen datos y argumentos suficientes como para afirmar que siempre funcionaron como un auténtico equipo artístico, con roles perfectamente definidos y asumidos, y que más allá de eso todavía, en el terreno de la logística, fue Abel quien sin duda se ocupó habitualmente de buena parte de los problemas que conlleva la actividad artística.”[1]

Francisco Nieva amigo personal de la pareja afirmó “Aquel trabajo de paciencia no se podía cumplir totalmente solo, se necesitaban cuatro manos para llevarlo a término. Se hubieran necesitado más, pero Abel era un monstruo de aplicación y método que valía por seis, y si no hubiera existido, la obra de Sempere hubiera sido más corta. Había en Abel algo absolutamente admirable como amigo, colaborador y <<conviviente>>: sólo aparecía cuando se le llamaba y su conversación podía decirse era una alfombra para las ideas de Sempere.”[2]

Abel Martín junto a Sempere son los introductores de la técnica de la serigrafía en España, técnica que habían aprendido ambos en el taller de Wilfredo Arcay en Paris. La magnífica exposición de Rubielos de Mora, gracias a los fondos procedentes de la colección Ars Citerior de Javier Martín, sobrino de Abel, ha permitido resituar el papel fundamental de artista turolense en la obra gráfica del grupo que se formó en torno al Museo de Arte Abstracto de Cuenca, con el apoyo de la Fundación Juan March; además del trabajo para muchos otros artistas. Un buena muestra de ello es el variado listado de artistas con los que colaboró;  muchos de ellos están presentes en la exposición, y por ello, aún a riesgo de ser demasiado enumerativo, creo que merece la pena citarlos: Andreu Alfaro, Wilfredo Arcay, Waldo Balart, Manuel Barbadillo, Juan Barjola, Bonifacio, Juana Francés, José Luis Gómez Perales, Julio González, José Guerrero, Hans Hinterreiter, Julio Leparc, Antonio Lorenzo, Manolo Millares, Manuel Mompó, Adrián Moya, Pablo Palazuelo, Rinaldo Paluzzi, Gerardo Rueda, Antonio Saura, Eusebio Sempere, Gustavo Toner, y Fernando Zóbel. Un excelente compendio del arte español de ese momento. Abel Martín puso al servicio de todos ellos el dominio de un oficio que aspira a ser invisible, no aportando “ningún mérito aparte de ese oficio”, según sus propias palabras. La visión del conjunto presentado en el Museo Salvador Victoria ha desmentido a todas luces estas palabras llenas de modestia.

A la entrada de la sala se han situado las serigrafías del propio Abel Martín, porque, aunque no muy prolífico, fue autor de una obra personal, y prácticamente desconocida. Abel Martín fue escultor antes que serígrafo. Su experiencia previa, junto a Sempere, en el arte y calculadoras, le llevó participar en el curso 1968-1969 en el pionero “Seminario de Análisis y Generación Automática de Formas Plásticas”, promovido por el Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid con el apoyo de la IBM.  

Vistas al entrar en la muestra abren boca, como un delicioso aperitivo que anticipa la suculenta exposición que ha sido “Abel Martín. Serígrafo”; contemplarlas de nuevo al salir, aún saciados ante tanta delicia, nos abren de nuevo el apetito, deseando que cuanto antes podamos volver a disfrutar de la escasa pero exquisita obra de Abel Martín. 



[1]Pablo Ramírez, “Eusebio Sempere veinte años después” en Óscar Esplá y Eusebio Sempere en la construcción de la modernidad artística, Editorial Verbum, Madrid, 2005, vol. II, p. 23

[2]Francisco Nieva, “Abel Martín”, ABC Sevilla, 22 de agosto de 1993, p. 3.

Ernesto UTRILLAS VALERO
Miembro de AACA y profesor de Historia del Arte en la Escuela de Arte de Teruel

Fecha de Entrega: 31/03/2014
Fecha de Admisión: 30/03/2014


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