Número 20 | Septiembre de 2012
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Colectiva de verano e individual de Gonzalo Tena
Galería A del Arte, Zaragoza
 
 

Dos exposiciones en la galería A del Arte. La colectiva de verano es imprescindible reseñarla porque demuestra la categoría de lo exhibido desde el 11 de julio hasta el 24 de agosto. Bajo el título más d 100 se expusieron obras gráficas de artistas tan significativos como Rafael Alberti, Eduardo Arroyo, José Manuel Broto, Miguel Ángel Campano, Antoni Clavé, Marc Chagall, Eduardo Chillida, Luis Feito, Juan Genovés, Luis Gordillo, Xavier Grau, Josep Guinovart, José Hernández, Joan Miró, Pablo Palazuelo, Charo Pradas, Antonio Saura, Antoni Tàpies, Manolo Valdés y Darío Villalba. Sobran comentarios.

La temporada artística de la galería A del Arte comienza con el conocido pintor Gonzalo Tena, del 6 de septiembre al 5 de octubre, y  aclarador texto de Alejandro J. Ratia que nos introduce en una exhibición compleja radical, más que pensada, pues obedece a lecturas del pintor incorporadas a la superficie plana. Tena, en 2012, tiene 62 años, como en tantos casos con plenitud artística sin fisuras. Título de la exhibición Magnès, como la única escultura sobre el suelo basada en una barra de madera y en los lados con imanes y diminutas bolas de acero, propias de los cojinetes, que caen sobre dos platos de metal. Suprema lentitud del sugestivo movimiento cambiante. Escultura, tan como señala Alejandro J. Ratia, que corresponde  a otras realizadas hace años consecuencia de sus investigaciones alquímicas. Varias series y otra con instalación completan lo exhibido.

La serie Alquimia, acrílico y pvc, son imágenes relacionadas con la alquimia e incorporación de palabras. Comienza con colores intensos que se suavizan hasta llegar a varias obras color oro, tan afín a la alquimia con su conocido simbolismo. Colores, palabras y formas trazan un conjunto de obras muy recargadas con énfasis literario lejos de lo que se entiende como Arte.

La serie Pernety, por el abad Antoine Joseph Pernety autor del Dictionnaire Mytho-Hermétique, de 1758, está formada por 121 obras cuadradas en pequeño formato. Obras siempre con dos planos paralelos a la base, el superior en negro y el inferior en oro, y la incorporación de una forma circular que suponemos es la Luna. Máxima sencillez formal al servicio del símbolo.

Edward Gibbon es el autor de Historia de la decadencia y ruina del Imperio Romano, con seis volúmenes escritos entre 1776 y 1788. El pintor fusiona lo plástico y lo literario mecanografiando alrededor de cuarenta páginas. El formato rectangular vertical, siempre papel, tiene como fondo el negro mate y la incorporación de los textos en un rojo tan especial que imposibilita su lectura salvo que el interesado se arme de paciencia y lupa. Las obras, desde un ángulo visual, son muy sugerentes.

La serie Conversión está formada por siete obras en cartulina y  pvc con formato apaisado. El fondo negro  acoge exquisitos trazos gestuales paralelos a la base con impecable equilibrio entre forma y fondo. Ámbito medio azaroso calculado para un conjunto de gran belleza.

En cuanto a la serie Swedenborg, por el poeta sueco, está hecha en cartulina y pvc, con formato rectangular vertical y apaisado. Color negro alterado por trazos gestuales de muy dispar forma. Según indica Alejandro J. Ratia los trazos gestuales, deducimos que también en las series Conversión e Instalación Newton, están pintados con la mano derecha una mitad y con la mano izquierda la otra, de modo que se unen dos ritmos afines al servicio de la espontaneidad en impecables composiciones.

Queda la serie Instalación Newton, que consta de seis obras rectangulares con círculos y palabras tachadas mediante pintura. Cartulinas que, vía pensamiento, caen lánguidamente al suelo y se amontonan para mostrar un perfecto engranaje con las colgadas sobre la pared, matriz del movimiento invisible.

Que en la exposición hay algunas series perfil obras de arte, ni se duda, como también valoramos la dificultad de cambiantes lecturas y posarlas, hasta cierto grado, sobre la superficie plana. Apreciamos sus lecturas pero nos deja perplejos tanta seducción por la alquimia, que en nuestro caso, como hacia  otras lecturas del pasado, la contemplamos con distante frialdad, aunque nunca, por ejemplo, novela y poesía. Seducción justificada pensando en la complejidad de épocas pasadas, pues basta con leer a Alexander Roob y su espléndido libro El Museo Hermético. Alquimia & Mística, pero ahí se queda desde la admiración dominada, controlada, de tantos fértiles períodos históricos. Somos muy conscientes sobre los vínculos entre pasado y presente, por ejemplo entre ciencia desde aquella admirable Grecia  y arte actual, pero de ahí a la pasión desbordante vibra un paralelo que conviene no traspasar. Como atrapar con sentimiento radical la época que no has vivido.

Manuel PÉREZ-LIZANO FORNS
Presidente de AACA

Fecha de Entrega: 29/09/2012
Fecha de Admisión: 29/09/2012


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