Número 19 | Junio de 2012
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Cerámicas de Yukiko Murata, E. Venegas, Fidel Ferrando
Sala CAI Barbasán, Galería Carolina Rojo, Torreón Fortea, Zaragoza
 
 

En la Galería Carolina Rojo, del 10 de mayo al 9 de junio, expuso sus cerámicas Elisa Venegas, dentro de la Feria Internacional de Cerámica Contemporánea (CERCO), bajo el título de "Gineceo". Venegas (Madrid, 1957) tras licenciarse en Historia del Arte, continuó su formación en el Museo de Artes Decorativas de Madrid, completada con el aprendizaje de la cerámica. Ya en 1986 obtuvo el Premio Nacional de Cerámica Vicente Díez.

La exposición mantiene de forma impecable una línea muy definida que puede dividirse en dos enfoques fusionados entre sí. El criterio escultórico se da en obras que son siempre un tórax que flota sujetado por un tubo de metal afianzado en la base. A destacar que con un simple tórax cada obra adquiera tanta fascinación, como si fuera la soledad anónima del cuerpo humano, que se multiplica y expande a través de un extraordinario sentido del color. Tanta quietud se anima con la incorporación de collares, que como norma adquieren un tono excesivo ante la solitaria fragilidad etérea de cada tórax. Cuestión de quitarlos. Collares, de gran complejidad formal, que consiguen su hermosa función cuando se cuelgan sobre la pared.

 

Bajo el título "Memorias para el silencio", el ceramista Fidel Ferrando (Alcañiz, 1955) inaugura su exposición en el Torreón Fortea, 16 de mayo al 1 de julio, con esculturas en material cerámico realizadas entre 2010 y 2011. Exposición, por cierto, dentro de CERCO y como esperada sorpresa por el tiempo transcurrido sin dar a conocer su obra. Textos de la estadounidense Teresa Kennedy y del escultor Jorge Egea, que se complementan de manera perfecta.

No es el momento de trazar su trayectoria como ceramista, pero conviene recordar que en 1977, con 22 años, tal como escribimos en 1993, investiga lo escultórico mediante módulos geométricos, hecho con ladrillos y tejas entresacando diversas calidades cromáticas. La presente obra para el Torreón Fortea también es escultura pero con la arcilla como material insustituible, pero con una mezcla especial guardada como un secreto. En sus obras, por tanto, fusiona la arcilla, el muy refinado e insustituible color y el radical dominio técnico, aquí de máxima dificultad por las formas alargadas, los plegados, el énfasis geométrico y el tamaño, hasta de 127 centímetros.

La exposición, tal como nos indicó el artista, tiene un recorrido específico. Todo comienza en la segunda sala con las obras colocadas sobre una gran mesa, que anuncian las colgadas en las tres restantes.  

El color adquiere máximo protagonismo por esa variedad “pegada”  en cada obra, de ahí la belleza de azules, ferruginosos y rojizos, que cuando procede mezcla con impecable precisión. Un color que adquiere matices pictóricos en obras como Mursihome, de 2011, basta ver las expresivas pinceladas, Grafía del silencio, de 2011, y Hacer azul, de 2011, pero que también potencian el campo formal y se acoplan con rara perfección en cualquier obra, como la titulada Munalado / El silencio envuelve la vida, I y II, por los rojizos y los azules.

El ámbito formal tiene una marcada variedad pero siempre responde a un mismo tono, en el sentido de ser alargado y estar ahuecado con rara excepción, como en obras tipo Passage du silence, I y II, de 2011, mediante el hueco a la vista y la incorporación de masas informales un tanto expresivas y en apariencia posadas de manera espontánea pero calculada. Estamos ante cambiantes formas de la misma línea artística, siempre inconfundible, mediante cuatro planos que configuran una escultura, aunque tenemos múltiples variantes según se aprecia en El tiempo que no te veo / Africa and memory, de 2011, con dichos planos y otros de menor tamaño que incorpora para mostrar la máxima complejidad visual. Incluso en alguna obra existe cierta tenue alusión a un edificio. Todo sin olvidar la incorporación de una especie de “botones” que resaltan del entorno, ralladuras, diminutos huecos y perforaciones  circulares, sin duda para ampliar la variedad visual pero eludiendo cualquier matiz recargado.

Nos medio molesta utilizar la palabra mágica para aludir a una obra de arte pues suena como definición barata, como un recurso cotidiano de ponderación gratuita, pero magia vibra en las esculturas de Ferrando, tan capaces de transmitir múltiples evocaciones desde esa infinita quietud alterada por el color y el cuerpo formal. Se detecta al instante que fluye una oculta energía invadiendo su entorno, aunque también se puede definir como anómalas pero cotidianas vibraciones en cualquier auténtica obra de arte.  

Manuel PÉREZ-LIZANO
Presidente de AACA

Fecha de Entrega: 29/06/2012
Fecha de Admisión: 29/06/2012


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