Número 16 | Septiembre de 2011
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Eduardo Chillida: Tiempo, espacio y materia
Museo Salvador Victoria, Rubielos de Mora (Teruel)
 
 

 

A Eduardo Chillida no le caían bien los ángulos rectos. Los consideraba unos estirados y aburridos que, además, sólo se relacionaban entre ellos. Sin embargo, los ángulos entre los 88º y 93º, eran sus preferidos. Mantenía con ellos largas conversaciones porque según él mismo manifestaba “son más tolerantes y su uso enriquece el diálogo espacial”[1].

 

Tal vez esta sea una de las claves de la obra de Chillida, que nos permite aproximarnos a su particular universo estético. Tal vez por ello renunció al puesto de guardameta de la Real Sociedad, cansado de aguantar cada partido (que además duraba 90 minutos) a los cuatro ángulos rectos de la portería.Tal vez por ello abandonó sus estudios de arquitectura, harto de soportar la asfixiante tiranía de la proyección ortogonal. Sea lo que fuere, la afición txuri urdin perdió un gran portero, la arquitectura un transgresor y la escultura, en cambio, ganó un átomo libre.

 

La historia de la obra de Eduardo Chillida es la historia de su relación con los ángulos raros de esa rara franja del círculo: Gastón Bachelard, Martin Heidegger, José Ángel Valente o Jorge Guillén, entre otros. Con cada uno de ellos estableció cómplices conexiones que dieron como fruto la construcción de nuevos espacios cargados de significantes. Su querencia por otro de sus números predilectos: el 3, convirtió su trabajo en tridimensional, incluso en la obra gráfica[2], apoyándose en el trébede que acompañó a toda su producción: tiempo, espacio y materia.

 

Precisamente con este título: Tiempo, espacio y materia, se inauguró el pasado mes de julio, en la Fundación Museo Salvador Victoria de Rubielos de Mora, la primera exposición de Chillida en Teruel. Los comisarios de la exposición: Ignacio Chillida y Diego Arribas, han seleccionado un ecléctico conjunto de obras, tanto en los materiales como en las técnicas, fechadas entre 1953 y 2000. Un total de 31 piezas que permite hacernos una idea de la rica trayectoria del escultor donostiarra, a lo largo de casi medio siglo de su producción artística. Unas obras que nos hablan de un Chillida íntimo y desconocido, a través de esculturas, lurrak, collage y obra gráfica.

 

La exposición, inaugurada el 2 de julio, se abrió con una mesa redonda que contó con la presencia de Luis Chillida Belzunce, hijo del escultor y director del Museo Chillida Leku. Los numerosos asistentes pudieron escuchar de primera mano, pormenores, datos y anécdotas no recogidas en las biografías del artista, que sirvieron para entender mejor las inquietudes del escultor vasco y la evolución de su obra. Un distendido y agradable debate que respondió a las expectativas de cuantos se desplazaron a Rubielos de Mora para asistir a la inauguración.

 

El interés de la muestra se ve reforzado por el hecho de ser la primera exposición de Chillida que se organiza en nuestro país, después de que el museo que alberga sus obras, el Chillida Leku de Hernani, cerrara sus puertas al público el 1 de enero del presente año, asfixiado por su difícil situación económica. En efecto, para poder disfrutar de otra exposición de la obra del artista vasco, tenemos que trasladarnos al sur de Francia, a la localidad de Saint Paul de Vence, donde tiene su sede la Fundación Maeght. El mítico centro de arte de la Costa Azul francesa acoge, hasta el 13 de noviembre, una gran retrospectiva de Chillida, en el mismo lugar en el que el escultor donostiarra trabajara en varias ocasiones, entre los años 50 y 60, compartiendo estancia y complicidad con otros grandes artistas plásticos como Miró, Giacometti, Chagall o Calder.

 

 

El  concepto de tiempo en la obra Chillida

 

Hay algo en la obra de Chillida que trasciende los límites del espacio y del tiempo, con una aparente y compleja simplicidad, que nos atrapa. Así lo veía el malogrado crítico de arte Santiago Amón, para quien el elemento que caracteriza a la escultura de Chillida reside en la temporalidad, que definía como:

 

“la facultad que posee la verdadera escultura (y en general, la verdadera obra de arte) de provocar un acontecimiento a partir de una cierta energía que ella contiene, capaz de desatar ciertas reacciones en el contemplador” (Amón, 1976: 56).

 

Una energía que en el caso de Chillida se alimentaba de la poesía, la música, la literatura, la filosofía… del pensamiento, en definitiva, tomando carta de naturaleza en la fisicidad de sus materiales. Chillida transita por varios de ellos, aproximándose, experimentando, rechazando algunos y retomándolos más adelante, hasta configurar su propio lenguaje plástico. La luz de los yesos de sus torsos clásicos iniciales, más propia del Mediterráneo, no se correspondía con la luz oscura del Cantábrico y así, volviendo la mirada hacia su Euskadi natal, encontró en el hierro el material con el que desplegar su vibrante propuesta estética.

 

Otros materiales vendrían después. El azar y la necesidad de trabajar con elementos más livianos en sus obras, le lleva a incorporar también la madera. Como él mismo expone:

 

“…un buen día me di con ella de forma fortuita: contemplando unos troncos que alguien había dejado abandonados en la carretera. Hacía tiempo, ciertamente, que venía meditando en la conveniencia o exigencia de otro material. El encuentro casual con aquellos troncos abandonados fue como la chispa o el estímulo hacia una nueva aventura. Y lo mismo podría decirte en cuanto a la piedra, al hormigón, al alabastro.” (Amón, 1976: 58).

 

Con un exquisito respeto a las características y la naturaleza de cada uno de los materiales que emplea, Chillida sabe extraer de ellos todo su potencial plástico. El tosco acabado superficial de sus esculturas incorpora a la pieza los procesos de transformación: las marcas del martillo del herrero o del hacha del aizkolari, añaden un componente musical, latente en la evocación del batir del martillo sobre el yunque o los golpes secos del hacha sobre la madera. El alabastro es para el escultor un medio de atrapar la luz, mientras que con la piedra y el hormigón se acerca a la arquitectura desde una perspectiva espacialista, íntima y trascendente.

 

 

La inspiración de Bach y la poesía de Valente

 

La pasión por la música está presente en una buena parte de su obra. Una herencia genética sin duda: su madre, Carmen Juantegui, fue soprano. Una pasión que se materializó en 1997 en un libro de artista de gran formato, con 12 grabados dedicados al genio de Johann Sebastian Bach, de quien Chillida escribe:

 

“También J. S. Bach (otra mar) es mi maestro. Me reveló las sutiles relaciones entre el tiempo y el espacio, el poder expansivo del tiempo audible y su relación con el espacio conformador o conformado, positivo o negativo” (Chillida, 2005: 14).

 

Chillida se inspira en ocho piezas de Bach para este homenaje. Entre ellas, Seis conciertos de Brandenburgo, Oratorio de Navidad o El arte de la Fuga. El libro, cuyos grabados se exhiben en esta muestra, incluye además una reproducción facsímil de las partituras originales, junto a una recopilación de reflexiones sobre el arte, de Bach, Pau Casals, Cioran, Goethe, Leibniz, Platón, Münch, Valéry, Suarés, Yourcenar y el propio Chillida.

 

En correspondencia a esta devoción de Chillida por la obra del músico alemán, la Fundación Museo Salvador Victoria organizó el 14 de agosto un concierto del cuarteto de cuerda Mediterranean String Quartet, en el que interpretaron varias de sus composiciones, junto a otras de Debussy y Shostakovich. Una manera de integrar música, pintura y escultura, volviendo a reunir la obra del artista vasco con las melodías que la inspiraron. Más de 150 personas disfrutaron del buen hacer del cuarteto, integrado por dos violines (Jordi y Xavier Tortosa), una viola (Almudena Arribas) y un cello (Bernat Tortosa), así como de las excelentes condiciones acústicas del museo.

 

No sólo fue la música objeto del homenaje de las obras del escultor vasco. Con frecuencia, Chillida plantea su obra como lugar de encuentro con otros creadores, por los que muestra su admiración y reconoce su influencia: es el caso de los místicos San Agustín o San Juan de la Cruz, o los poetas Jorge Guillén y José Ángel Valente, de quien ilustrará, en 1996, su única obra escrita en gallego: Cántigas de Alen. Se trata de un poemario que al igual que la obra de Chillida supone un retorno a las raíces, al idioma materno que se aprende de pequeño, un locus construido a base de recuerdos que constituye, no obstante, el refugio que alberga la esencia indeleble de nuestra identidad.

 

Junto a las obras de los homenajes a Bach y Valente, la Fundación Museo Salvador Victoria expone en esta muestra una selección de siete collages realizados entre 1953 y 1985; seis lurrak fechadas entre 1991 y 1997; una pieza de acero cortén de 1995: En el límite I y un soberbio alabastro, realizado en 2000 (una de sus últimas obras), con cuyo título Chillida se reconcilia con la disciplina que precedió a su definitiva carrera de escultor: Homenaje a la arquitectura II.

 

La respuesta del público

 

La buena acogida que ha tenido la muestra se refleja en los más de 4.000 visitantes que ha recibido a lo largo del verano, de los cuales un 75% procedía de fuera de la comunidad aragonesa. Un interés debido tanto a la personalidad del artista, como a la repercusión que la muestra ha tenido en los medios de difusión. Junto a las numerosas apariciones en los principales diarios de la prensa impresa y digital, la exposición mereció la atención de los informativos de TVE-1 y del programa cultural El ojo crítico, de Radio Nacional de España, emitidos en todo el territorio nacional. Dos reseñas que tuvieron su inmediata respuesta en la gran afluencia de público, procedente de distintos puntos del país, que desbordó las previsiones más optimistas del museo.[3]

 

Pasado el verano, y con el fin de acercar la obra de Chillida a los estudiantes universitarios, el Museo Salvador Victoria, la CAI y la Universidad de Zaragoza, organizan un seminario sobre la obra del escultor, que se desarrollará en el salón de actos de la obra social de la CAI, en Teruel, los días 18, 19 y 20 de octubre. Además de las conferencias, el seminario incluye la proyección del documental El arte y los sueños, dirigido por Susana Chillida, hija del artista, así como una visita guiada a la exposición en Rubielos de Mora. La Universidad de Zaragoza reconoce 1 crédito ECTS como actividad académica complementaria para los estudiantes de cualquier titulación que sigan con aprovechamiento el seminario. Además del público universitario, las actividades están abiertas, igualmente, a todos los interesados en el arte contemporáneo.

Eduardo Chillida. Tiempo, espacio y materia

Fundación Museo Salvador Victoria

Rubielos de Mora (Teruel)

Comisarios: Ignacio Chillida y Diego Arribas

Del 2 de julio al 30 de octubre de 2011



[1]Discurso de ingreso en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, en 1994.

[2]Sus grabados y serigrafías van acompañados de gofrados o marcas con matrices sobre el papel, que añaden a la estampación el relieve y escalonamiento de planos que le caracteriza.

[3]Las reseñas de Chillida emitidas en TVE y Radio Nacional, pueden verse en los siguientes enlaces:

Telediario de TVE-1: http://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/obra-chillida-sale-tierra/1170911/

Entrevista en el programa El ojo crítico de RNE: http://www.youtube.com/watch?v=0_vFD-3-nl0&feature=mh_lolz&list=LLJ4GcZSDwZnvK_-3amOkD2w

 

AMÓN, Santiago (1976) “Materia, experiencia y acontecimiento natural. Conversación con Eduardo Chillida”, Revista de Occidente, nº 3, págs. 55-59.

 
CHILLIDA, Eduardo (2005), Escritos, Madrid: La Fábrica Editorial.

Diego ARRIBAS
Miembro de AACA y profesor de la licenciatura en Bellas Artes, Univ. de Zaragoza

Fecha de Entrega: 26/09/2011
Fecha de Admisión: 29/09/2011


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