Número 12 | Septiembre de 2010
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Amadeo Gabino. Una incontenible pulsión vital: Museo Salvador Victoria en Rubielos de Mora
Kosme de Barañano con Diego Arribas en la presentación de la exposición.
 
 

Entre los meses de abril y agosto de 2010 ha permanecido abierta la exposición que bajo el título Amadeo Gabino, una incontenible pulsión vital, ha ofrecido el Museo Salvador Victoria de Rubielos de Mora, dentro de su programa de exposiciones temporales. En la presentación, que tuvo lugar el 24 de abril, participó el catedrático de Hª del Arte Kosme de Barañano (exdirector del IVAM).  

La muestra estuvo compuesta por cinco esculturas, seis collages y diez grabados de la colección particular del artista, nacido en Valencia en 1922 y fallecido en Madrid en 2004. El grupo de esculturas lo integraban un relieve de 1968, correspondiente a la etapa de su trabajo con chapas de hierro y acero inoxidable; la escultura titulada “Vibración espacial”, realizada con chapas de hierro cromado en 1974, y tres esculturas de acero inoxidable de la “Serie 2000”, pertenecientes a su última etapa, datadas en 2002. Los seis collages de papel expuestos pertenecen a la “Serie Ibiza”, de 1962, y los diez grabados forman parte de los trabajos que Gabino realizó para la sala “Polígrafa” de Barcelona, en los años 70, mediante superposiciones de planchas y gofrado.

 

Escultura
 La escultura de Amadeo Gabino se caracteriza por su elegancia y su impecable acabado técnico. El artista eligió el hierro como materia para su trabajo desde que contempló en 1953 la obra de Julio González “La Montserrat”, en uno de sus viajes a Amsterdam. Gabino despliega un gran conocimiento y dominio de los procesos industriales en el tratamiento de los metales, que utiliza soldando, ensamblando o remachando, para construir sus obras. Una habilidad y oficio que adquirió en el taller de su padre, el también escultor Alfonso Gabino.

La obra de Gabino se encuadra dentro de aquella generación mítica de escultores que impulsaron un revolucionario programa de renovación de la escultura, basado en la espacialidad geométrica, como Oteiza, Chillida, Alfaro o Chirino. 

Su espíritu viajero, en busca de nuevos espacios de aprendizaje para completar su formación en la Academia de Bellas Artes de Valencia, le lleva a diversas estancias en ciudades como Roma, París, Hamburgo, Amsterdam o Nueva York a lo largo de los años 50. Lejos de un motivo para engrosar el currículo, viajar era para los artistas españoles de aquella generación una auténtica necesidad. Condicionados por el rancio academicismo imperante en el panorama artístico del franquismo, Gabino y tantos otros artistas de su generación, eran conscientes de que tenían que buscar fuera de nuestras fronteras el contexto propicio para poder encauzar sus inquietudes plásticas, con la certeza de que su futuro artístico no encajaba en un país constreñido por una oscura situación política y un anodino panorama cultural. Ya fuera de nuestro país, la visita a museos, galerías y bienales, así como el contacto con los artistas que militaban en las corrientes más innovadoras del momento, como Manzú, Marini, Fontana, Moore, Calder o Archipenko, fueron decisivos en la orientación de su obra hacia la abstracción y el geometrismo.

Va a ser uno de los elementos que acompañó a Gabino en sus continuos viajes, el que marcará la principal seña de identidad de su escultura: el fuselaje de los aviones. El remachado de las piezas de las alas, el movimiento de los alerones o del timón de cola y otros elementos de su estructura, ejercen sobre el escultor una persistente fascinación que el artista decide traducir al lenguaje plástico.

Su obra se caracteriza por un constructivismo liviano que se organiza alrededor de un núcleo abierto, a partir del cual la obra va creciendo, a base de chapas cortadas a menudo circularmente, como las ondas que se generan en la superficie del agua al lanzar una piedra. Las líneas de remaches, deliberadamente expuestas a la vista del espectador, son para Gabino un componente esencial de su obra, tan importante como el volumen final que conforman. Un elemento que constituye su particular grafismo, una de sus principales señas de identidad junto con el acabado brillante de las superficies, a las que Gabino confiere un bruñido especular que acaba integrando en la escultura el reflejo del entorno que la rodea.

La inconfundible singularidad de su escultura le valió la selección para representar a España en la Exposición Mundial de Nueva York de 1964 y en la Bienal de Venecia de 1966, años en los que desarrolla su serie de esculturas de “hombre-armadura”. A partir de ese reconocimiento una larga nómina de exposiciones individuales nos da idea de la proyección internacional de su trabajo: Ginebra, Berlín, Hamburgo en los años 60; Zurich, Chicago, Caracas, Helsinki y Nueva York en los 70; Copenhague, Basilea, Manheim, en los 80… junto con numerosas exposiciones en nuestro país, que consolidan a Amadeo Gabino como uno de los valores en alza de la escultura española.

Entre los años 70 y 80 su fascinación por el espacio y los misterios del universo van a acaparar su ocupación creativa. Los motivos de sus primeras obras en chapa como yelmos, armaduras, guerreros, etc., se desplazan ahora hacia el cosmos. También los títulos de sus piezas: de aquellas esculturas de inspiración bélica agrupadas bajo el título de “Marte” (dios de la guerra), pasa a desarrollar una serie de obras con el título de “Apolo”, el mismo dios que elegirá la NASA para bautizar su programa espacial que tiene como objetivo la Luna. Cosmos, planetas, viajes… están presentes en sus títulos como un inequívoco referente a su interés por la aventura espacial que acaparó una buena parte de la actualidad informativa de aquellos años. Son ejemplo de ello la serie “Escudo de la luna” (1975) o “Argos” (1988), el constructor de la nave de Jasón y los argonautas. En este periodo lleva a cabo también una serie de estelas metálicas dedicadas a dioses-planeta, como Venus o Saturno. Un interés que se extendería entre los años 1990 y 2000 hacia los científicos que protagonizaron la investigación sobre nuestro sistema solar, como la serie “Homenaje a Galileo”, y otros humanistas cuyas obras concitan el interés de Gabino, dedicándoles sendas esculturas, como en el caso de Schiller (1992) o Erasmo de Roterdam (1997).

Ya en las obras de su última etapa, como las que se han podido contemplar en esta muestra, Gabino cambia sus registros técnico y conceptual. En las piezas de la “serie 2000” trabaja con chapa de acero inoxidable de notable espesor, realizando un exquisito ejercicio de metaloflexia, una papiroflexia metálica que partiendo del círculo como forma germinal, corta, abre, dobla y pliega, hasta conseguir un atractivo resultado tanto por la precisión de los procesos aplicados sobre el metal, como por la elegante sencillez de sus formas geométricas. En esta serie predominan los círculos de chapa de acero inoxidable en una clara alusión a la Luna, fría, pálida y misteriosa como sus esculturas.

Sus últimas obras, sin embargo, son concebidas como bloques compactos y cerrados. Cuerpos que sugieren formas orgánicas en expansión, en los que Gabino demuestra de nuevo su maestría, al doblegar un material tan complejo como el acero inoxidable. Ahora el volumen se construye a base de movimiento, con alas cóncavas y convexas que brotan de un núcleo central, cortadas y soldadas con una precisión industrial. La escultura de Amadeo Gabino es una permanente indagación sobre los elementos que forman nuestra galaxia y el espacio que la rodea, de cuyas formas se nutre. Una constante atracción que quedó explícita en una de sus obras más espectaculares: el gran mural de acero y aluminio de 12 por 20 metros realizado para la Central Eléctrica de Castrello, en Galicia, y bautizado por su autor como “Homenaje a la investigación espacial” (1969).


Obra gráfica

Amadeo Gabino cultivó desde sus años de formación en la Academia de Bellas Artes de Valencia, su interés por la obra gráfica.  Fue a raíz de una estancia en el Centro de Grabado Contemporáneo de Ginebra, en 1969, cuando va a comenzar a trasladar su particular lenguaje escultórico al papel. Si sus esculturas pueden pasar por piezas pertenecientes a un avión, sus grabados, principalmente aguafuertes, podrían interpretarse perfectamente como los planos necesarios para el diseño y construcción de las aeronaves.

En 1970, continuará su formación en la técnica del aguafuerte, y en 1976 inició una fructífera colaboración con la Sala Polígrafa de Barcelona, producción a la que pertenecen los grabados expuestos en esta exposición.

 

En conjunto

En pocas ocasiones se ha mostrado simultáneamente la obra gráfica y la escultura de Amadeo Gabino, por lo que esta muestra del Museo Salvador Victoria ha supuesto una ocasión excepcional para disfrutar de un sugerente diálogo, pleno de coherencia formal, entre las dos disciplinas que el artista cultivó con igual pasión.

 Esta exposición ha contribuido a desvelar las claves de la obra de este autor, que desplegó su programa estético en paralelo a la carrera espacial de los años sesenta y setenta. Fascinado por las aeronaves, los satélites, los astronautas y el cosmos, como símbolo de la modernidad que siempre persiguió, Gabino desarrolló su trabajo en paralelo a la pugna entre la Unión Soviética y la NASA, hasta conquistar y configurar su propio universo. Un universo poético al que hemos podido asomarnos, sin necesidad de escafandra, ni de abandonar la Tierra, desde el museo dedicado a su compañero y amigo Salvador Victoria en Rubielos de Mora.
 
Diego ARRIBAS
Escultor. Profesor del Grado en Bellas Artes de la Universidad de Zaragoza

Fecha de Entrega: 20/09/2010
Fecha de Admisión: 22/09/2010


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