Número 9 | Diciembre de 2009
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Una jirafa, poema visual de Luis Buñuel visto por 21 artistas aragoneses
Del 26 de noviembre al 26 de diciembre, Biblioteca Municipal María Moliner de Zaragoza
 
 

"Une jirafe" fue el proyecto artístico que Luis Buñuel preparó en 1933 para una fiesta celebrada por los vizcondes de Noailles. Consistía en una jirafa de madera de tamaño natural creada por Alberto Giacometti. Cada mancha de la jirafa podía abrirse por medio de una bisagra que cada invitado a la fiesta estaba encargado de abrir. En su interior, se hallaban una serie de juegos o instrucciones con los que entretenerse. Esta jirafa desapareció, por lo que lo único que ha quedado de ella son los escritos que dejó Buñuel y que fueron publicados en la revista Le Surréalisme au service de la révolution. Como bien comenta Miguel Ángel Ortiz (ideador del diccionario que ilustra la muestra, organizada y comisariada por Artix y parte esencial en un espectáculo teatral de la misma obra literaria representada por Producciones Che y Moche): el texto de Buñuel fue concebido a modo de un poético manual de instrucciones para la construcción de uno de aquellos objetos surrealistas que vulneraban cualquier tipo de atadura, permitiendo que el subconsciente se expandiese como debía. Los distintos planos de la realidad se hacían converger en una espacio-temporalidad absolutamente suprarreal, convirtiendo al tal objeto en un inmenso collage en el que todo estaba permitido. Con acierto se ha dicho que el texto, el poema, constituía, y lo sigue haciendo, un auténtico "lugar de encuentro". Con la consigna que el propio texto realza, "todo puede ser realizable", todas las disciplinas artísticas se han unido —teatro, danza, fotografía, escultura, pintura, collage, ensamblaje, instalación, poesía visual—, en un evento multidisciplinar, donde paralelamente a la representación teatral está la exposición de las veintiuna manchas. Este eclecticismo y simbiosis artística plasma, por un lado un homenaje sincero a la figura de Luis Buñuel, y por otro la buena salud – ideas y calidad en la producción- de los artistas y gestores aragoneses en una época tildada de crisis. Los 21 artistas que han reinterpretado las manchas son Jorge Juan Perales, Nicolae Didita, Jessica Aliaga Lavrijsen, Alvaro Ortiz Albero, Antonio Chipriana, Javier Joven, Miguel Ángel Gil, Esther de la Varga, Ricardo Calero, Paco Serón Torrecilla, Fernando Clemente, Olga Remón, Caterina Burgos, pierre d. la, Mariángeles Cuartero, Sergio Muro, Christian Losada, Lina Vila, Rakel García, Helena Santolaya, Miguel Ángel Ortiz Albero —este último, creando una mancha nueva siendo el enlace entre la obra teatral y la exposición—. La muestra exhibida en el espacio acogedor —aunque reducido- de la Biblioteca es excelente. No sólo por el tema en sí, sino por la magnífica factura de las piezas. Siguiendo los parámetros surrealistas donde prima el azar, la distribución de las manchas se hizo en un sorteo, con la presencia de los artistas y la compañía de teatro, en un bar. El formato que se eligió fue el de una caja de madera de 40x50x15 cm, siendo el contenedor igual para todos los artistas y dejar en su propia imaginación y creatividad el devenir de ese acto de transformación, de la palabra al objeto. Cada artista ha interpretado con su percepción la mancha enumerada y realmente sorprende el resultado final, por unidad y en conjunto. Cada pieza es un mundo onírico y surrealista, como le hubiese gustado al propio Luis Buñuel —y a todos los miembros del movimiento surrealista—. Hay nombres relevantes del panorama artístico (no sólo en nuestro territorio) en la muestra, pero me reservo el nombrarlos exclusivamente porque, en este caso si no se mira el currículum, todas las piezas son de verdaderos maestros creativos. Y además, quiero incitar al lector y espectador a que las vislumbre con sus propios ojos, ya que le transportarán a lugares que no había soñado e imaginado hasta ahora. Las cajas/manchas son sugerentes, todas están colgadas, excepto dos que se ubican en unas peanas (por el peso y mecanismos). En las cartelas identificativas de cada obra, se pone textualmente toda la mancha descrita por Buñuel y el autor actual. Hay tal cantidad de elementos que se describen en cada micromundo, más los que han añadido los artistas de su "chistera", que convierte a la muestra no sólo en un tributo al escritor frustrado que el genio de Calanda llevaba en su interior, sino al surrealismo y al propio arte. Un porrón con orina, goteros de sangre de jirafa, bolas de billar que caen al abrir una de las puertas, reminiscencias católicas y artísticas, multitud de ojos (que nos observan o están rasgados), hormigas, cartas (de juego y de correos), recortables de muñecas con un fondo de terciopelo rojo, cenizas, espermatozoides, plumas, velas, máscaras gritando, casas encarceladas, platos que son alas, almas en hogueras, sacos, Un sinfín de objetos y escenas muy evocadoras, más las lecturas e interpretaciones que cada espectador puede alcanzar con su mirada. Artix sigue apostando por proyectos interesantes, aunque sea utilizando espacios alternativos, contando siempre con artistas aragoneses y ampliando horizontes, como al unificar esfuerzos, ideas y personas con la compañía de teatro Che y Moche. Esta misma exposición va a ser itinerada a Toulouse, ya que está siendo apoyada por Zaragoza 2016 —recordar que Luis Buñuel es uno de los cinco apartados con los que se presenta la ciudad a la candidatura de Ciudad Europea de la cultura-, el Centro Buñuel Calanda, la DGA y el propio Ayuntamiento de Zaragoza que sigue manteniendo una colaboración institucional muy estrecha con la ciudad francesa.
Sergio MURO
Comisario y gestor cultural

Fecha de Entrega: 20/12/2009
Fecha de Admisión: 24/12/2009


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