Número 8 | Septiembre de 2009
Paseo María Agustín nº 20 Zaragoza - 50004     Tfno.: 976 28 06 60      jpl@unizar.es Normas/plazos para la propuesta de artículos
(call for papers)
imprimir
 
Afinidades, en la Galería Aragonesa del Arte, Zaragoza
 
 

Resumen:

 



El maravilloso laberinto del arte contemporáneo, como apuesta libre individual, posibilita que la obra de un artista a determinar vibre soldado con la ciencia en estado puro, pero también con la arquitectura, el cine, la novela y la poesía, sin olvidar aquellos casos con matices simbólicos que se desprenden casi ocultos mediante dispares formas. También cierta musicalidad interna, muda, que puede surgir a través de líneas y colores.
La exposición colectiva Afinidades, inaugurada el 2 de junio de 2009, es un proyecto de la comisaria y crítica de arte Chus Tudelilla, que ha unido a cinco artistas plásticos y cinco escritores, de manera que cada uno escribe sobre su correspondiente pareja artística, con lo cual textos y obras se enriquecen y apoyan mutuamente por la variedad de planteamientos temáticos en cada artista. Se cita primero al plástico y  luego al escritor. Son: María Buil – Ismael Grasa, Enrique Larroy – Manuel Vilas, Fernando Sinaga – Jesús Jiménez, Gonzalo Tena – Alejandro J. Ratia y Lina Vila – Félix Romeo.
La exposición comprende a los pintores figurativos María Buil, Gonzalo Tena  y Lina Vila y los abstractos Enrique Larroy y Fernando Sinaga, que como escultor expone cuatro estampas para unificar el tono de la exhibición, en el sentido de que todo sea soporte plano y pueda colgarse. Cinco artistas con planteamientos muy dispares como diáfano aliciente para captar su evidente complejidad, que los escritores atraparon al instante, a chispazos, de modo que es un placer la lectura de cada uno y cómo se disparan hacia coordenadas tan distintas como las obras exhibidas.
María Buil participa con siete óleos. Su capacidad artística es evidente a través de temas sencillos. Basta ver, dentro de su perfección técnica, la butifarra como tema sobre fondos abstractos y el sutil juego de luces y sombras, cuya capacidad evocadora se vincula con el placer gastronómico e incluso con la muerte. Y muerte se detecta en los pies de cerdo sobre un círculo dividido en dos planos para crear espacio, con el gozo de una delicada tonalidad dominante que parece evocar vida sin reposo. Como la miel, perfil ámbar, que cae del frasco dentro de un hermoso concepto por juego formal entre el círculo, el óvalo y el reflejo del frasco sobre la miel derramada. En esta quietud dominante participa el bodegón con flores, resuelto con la clásica sombra del jarrón para crear sombra y que resalta mediante el fondo pletórico de luz difusa, nubosa,  que señala el territorio de lo irreal inaprensible. El lienzo Pintura para conjurar un prejuicio. Mujer es la sencillez aparente, pues estamos ante un lecho tradicional violentado por la figura femenina. Lecho por el plano monocolor de fondo sobre el que está pintada una mandorla, es decir, dos círculos cortados de marcada carga simbólica, que está pintada con leve movimiento para fusionarse con la figura femenina. Desnudo con un caminar penoso, inseguro, y sin rostro definido, pues sólo tiene un ojo, como si asistiéramos a un nacimiento de futuro impredecible. El color carnoso, y su propia realidad, colabora en la sensación medio repugnante como otro atractivo.
Del Diario de León Bloy, técnica mixta sobre cartón, es una serie de Gonzalo Tena sobre la que Alejandro J. Ratia aventura articulados e intachables criterios. Se trata, al parecer, de un proyecto iniciado en octubre de 2008, pero aquí con obras de 2009. Son obras rectangulares exactas por tamaño y verticales a la base, siempre con fondo negro y al pie frases cortas. Fondo que, por su color, sirve para acoger sin problemas una figura vertical en cada obra hecha con gruesas texturas y colores rosáceos muy contrastados respecto al negro dominante, que se pintan con un grado espontáneo difícil de precisar. Alejandro J. Ratia sugiere que evocan a un cactus por las pequeñas formas nacientes del tronco vertical. Pueden ser un cactus, entrecomillas, o un garrote, más entrecomillas. Dicho tronco central está muy emparentado con obras tipo Breve Encuentro II, de 1990, o Breve Encuentro, de 1991, que son dos cuadros singularizados por una forma ósea por obra, la cual transcurre paralela a la base con dos figuritas caminando encima. Aquí, en la serie Del diario de León Bloy, de 2009, la forma ósea es más irregular y, como se decía, vertical a la base con el añadido de las formas nacientes del tronco. Obras de arte muy logradas, cimbreantes, que requieren mayor desarrollo, desde luego cromático y formal, para alcanzar su plenitud artística.
Lo presentado por Lina Vila, titulado Te oculta un Bosque entero, es equivalente a una instalación sobre la pared hecha con pintura, dibujo, fotografía, collage y cerámica. Cerámica por las tres vasijas reales a pie del tronco de árbol pintado como sugerencia de un ámbito rural. El conjunto de lo representado es una maravillosa declaración de amor hacia el padre fallecido, que veíamos de gran dificultad por carga afectiva, pero resuelto con indiscutible tono creativo vía evocación. El impecable texto de Félix Romeo es un ágil y vibrante recorrido sobre la personalidad del padre de Lina Vila. Parece oportuno comenzar con lo que definimos como eje icono situado frente a la instalación. Se trata del autorretrato de medio cuerpo con la pintora mostrando, como es lógico, un serio semblante. Con ambas manos sujeta el retrato de su padre, como si fuera un busto, que nace del vientre y con la parte superior de la cabeza entre ambos senos. El color de la figura paterna se representa más claro, pálido, para que contraste con el autorretrato. De la hija parece nacer el padre, pero en realidad recibe vida, recuerdo, a través de la permanente evocación de amor filial. Qué profunda delicadeza. La pared principal, como secuencia ampliada del autorretrato, consiste en el tronco de un árbol invasor del espacio plano mediante ramas secas, que adquieren vida radical por una serie de temas afines a la personalidad paterna. Árbol omnipresente en tonos grisáceos para no recargar la composición general, que permiten destacar, entre otros temas, los paisajes, las aves, un retrato de Goya, las flores, los árboles, y un vaquero del Oeste con sombrero y revólver. Campo de información sobre una específica persona, con el aliciente de obras personales de notable belleza artística, desde paisajes a temblorosos y altivos árboles.
Quedan los abstractos Enrique Larroy, con Perlas de imitación, de 2005, serie mediante técnica mixta sobre papel, y Fernando Sinaga, con Agua amarga, de 1995, serie de cuatro estampas, aguafuerte sobre cobre. No se entiende que las obras sean de 1995 y 2005, cuando los tres restantes artistas comentados participan, como es lógico, con obras de 2009. Sobre Enrique Larroy la revista AACADigital publicó una crítica nuestra, en el número anterior, a raíz de su exposición en el Museo de Teruel, mediante cuadros que transcurren paralelos a la presente exposición en la zaragozana galería A del Arte. Aquí, en esta obra sobre papel, mantiene su estilo personal con el cambiante espacio que facilita y potencia la incorporación de formas geométricas muy complejas impecablemente articuladas, como si fueran una totalidad engarzada con sutil armonía medio quieta entre ventanas abiertas al destino inaprensible, quizá pernoctando en un sólido ámbito protector muy lejos de aquel espacio símbolo de cualquier incógnita. Formas que danzan sobre dicho espacio con tal levedad que parecen respirar desde la lejanía, con el rectángulo, sea diáfano o banda ancha, como matiz regulador de la composición general. Pero en la serie existe un cambio dominante que cobra protagonismo. Aludimos a la proliferación de pequeños círculos blancos y pocos de otros colores, como norma sobre planos negros para resaltar su marcado contraste, que son exclamativos por su propia condición. Círculos mudos que viajan incesantes. Enrique Larroy tuvo dos exposiciones individuales en la sala La Gabia, Gerona, año 1974 y en la galería Daniel, Madrid, año 1975. Época gloriosa con el pintor diseñando sus catálogos y una parte sustancial hechos a mano, como los sobres en cuyo interior metía una servilleta de papel con perforaciones circulares o los diminutos círculos sueltos en otro sobre. Una exposición, para mayor exactitud, se titulaba Lunares. Aquellos círculos, con el tiempo, se transformaron en otros pero incorporados en la actual serie de 2005. Misma forma circular para otra muy positiva función artística. Un gozo.
Queda Fernando Sinaga. Presenta estampas que obedecen al mismo planteamiento formal y cromático, con sobriedad cromática por la gama de grisáceos como fondo para crear espacios y negros con capacidad de movimiento flotante, pero que tienen un elemento caprichoso en su propia condición, lo cual significa que lo formal vive el azar del magma naciente en perpetua evolución.
Muy bella exposición perfectamente planteada y desarrollada, que marca pautas dispares por la personalidad de cada artista sin que nada cruja en un aspecto negativo. Solidez general.

Manuel PÉREZ-LIZANO
Miembro de AACA, AECA y AICA

Fecha de Entrega: 22/09/2009
Fecha de Admisión: 25/09/2009


<< volver imprimir