Número 49 | Diciembre de 2019
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¿Van a creerme alguna vez?
Sara Quintero. Entre las cenizas. Galería La Casa Amarilla. Hasta el 8 de febrero.
 
 

Lars von Trier despojó la ciudad de Dogville (2003) de una escenografía fílmica clásica, situándola en un espacio vacío, marcadamente teatral, en el que las casas venían delimitadas por líneas en el suelo, apenas vestidas con uno o dos elementos de mobiliario. La desnudez ambiental focalizaba la atención en el drama vivido por una mujer, Grace Mulligan (Nicole Kidman), que busca refugio en una comunidad que termina por esclavizarla y someterla a constantes abusos físicos, psíquicos y sexuales.

Jauría, obra teatral escrita por Jordi Casanovas, es una ficción dramática construida íntegramente a partir de algunos fragmentos de las declaraciones que tanto denunciante como acusados realizaron durante el conocido como juicio de “La Manada”. Ante un texto extraído de la realidad los espectadores difícilmente pueden escapar del rol de jueces. Cabe condenar a los agresores pero también cuestionar a la víctima.

And still they don't believe me?

How can they hear me say those words

Still they don't believe me?

And if they don't believe me now

Will they ever believe me?

And if they don't believe me now

Will they ever, they ever, believe me?

A través de los versos de la canción The Boy With the Thorn in His Side de The Smiths, Sara Quintero llama la atención sobre ese segundo martirio al que es sometida la víctima. Entre las cenizas, su primera exposición individual en La Casa Amarilla, está dedicada íntegramente a la violencia ejercida contra las mujeres y el modo en que participamos, activa o pasivamente, de ella. “El violador eres tú”, entonan mujeres de todo el mundo a través del himno creado por el colectivo chileno Lastesis. “El patriarcado es un juez que nos juzga por nacer y nuestro castigo es la violencia que no ves”, continúan.

Tampoco es visible la violencia contenida en muchas de las imágenes elaboradas por Sara Quintero. La artista sigue el proceso inverso al realizado por Von Trier en su película. Vacía de figuras las escenas pintadas por artistas bajomedievales y renacentistas como Bernardo Daddi, Jean Fouquet, Fra Angelico o Domenico Veneziano para dejarnos únicamente con los escenarios. Quedan como testimonio del martirio de las santas cristianas que fueron violadas, torturadas y finalmente asesinadas por desafiar la autoridad romana, aunque lo hicieran por defender una fe fundamentada en un mismo sistema patriarcal. Eliminada toda acción, las pinturas de Quintero, adquieren una densidad visual propia de la pintura metafísica, sin siquiera detenerse en los instrumentos del martirio. Apenas quedan muros, llamas y cenizas.

También la mitología clásica es prolija en narraciones referidas a la violencia ejercida contra las mujeres. Cassandra, poseedora del don de la videncia, fue condenada por Apolo a no ser nunca creída y violada por Áyax durante el saqueo de Troya. Quintero la representa a través de un fotograma de Las dos tormentas (Griffth, 1920) en el que Lilian Gish yace sobre un bloque de hielo en mitad de un lago. Como esta, diferentes creadoras que pasaron durante algún momento de su vida por psiquiátricos —Ángeles Santos, Zelda Fitzgerald, Niki de Saint Phalle y Charlotte Perkins Gilman—, emergen entre las aguas dibujadas con una absorbente precisión por Quintero.

En el díptico Fraude y Malicia, el cuerpo asexuado del bello Troilo cuelga bocabajo. A su lado, un saco de boxeo acompañado por la figura de un mono, símbolo de la incontinencia sexual que llevó a Aquiles a mutilarlo y asesinarlo dentro del templo de Apolo. “El violador eres tú”.

Alberto CASTÁN CHOCARRO
Miembro de AACA, AECA y AICA

Fecha de Entrega: 30/12/2019
Fecha de Admisión: 30/12/2019


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