Número 47 | Junio de 2019
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Francisco Rallo Lahoz (1924-2007):
Su trayectoria y aportaciones en el campo de la escultura pública
 
 

Resumen:

Francisco Rallo fue un escultor prolífico, cuya trayectoria merece un estudio de conjunto, para el que se ofrece aquí como primera aproximación una revisión de sus obras destinadas a la esfera pública, dejando para futuras aportaciones el estudio de sus creaciones para el ámbito privado.


Abstract:


Francisco Rallo was a prolific sculptor, whose career deserves a general revision. As a firt step, this paper reviews his works intended for the public sphere, leaving for future contributions the study of his creations for the private sector.

Palabras clave castellano: Rallo, Escultura
Palabras clave inglés: Rallo, sculpture

Francisco Rallo Lahoz nació en Alcañíz (Teruel) en 1924, hijo de Miguel Rallo Calvo y Josefa Lahoz Gil, una familia humilde que emigró un tiempo a Francia y se instaló definitivamente en Zaragoza. Con tan sólo doce años ya daba Paco muestra de un interés por el dibujo, la pintura… Empezó de aprendiz en un taller de mármoles en la calle Conde Aranda (Zaragoza), compaginando el trabajo con la escuela de Artes y Oficios, a la que acudía por las tardes. Hizo la mili en Barbastro (Huesca), donde ejerció multitud de labores, desde bibliotecario hasta secretario del juzgado militar; pero en la capital del Somontano conoció al pintor oscense José Beulas, con el que forjó una gran amistad, así que su vocación artística se reforzó. Una vez licenciado, esperaba trabajar en el taller del escultor Félix Burriel, con quién se había formado durante sus estudios académicos, sin embargo, éste le dijo que se ganara la vida por su cuenta. Entró a trabajar en Mármoles la Viuda en el Paseo Cuéllar,  realizando sobre todo arte funerario. Sus dos primeras esculturas de creación propia serían un retrato de su propio padre, Miguel Rallo, y una figura De Alcañíz, una joven ataviada con el típico traje regional aragonés, en 1949. 

A los cuarenta y cinco años de edad pudo montar su tienda particular, tras familiarizarse con el proceso de fundición en Cataluña, Madrid y Villanueva de Gállego. No sólo realizaba esculturas, sino también, pintaba, doraba… Pronto le llegarían los primeros grandes encargos, como la restauración de la iglesia de Palomar (Teruel) o el retablo de la Virgen de la Purísima en Gargallo (Teruel) en 1959-60.  También haría obras escultóricas para particulares. Como el encargo que en 1955 realizó para la cafetería las Vegas:  un relieve en piedra arenisca, que lo tituló África, de 242 x 94 x 6,6 cm. Hoy ya no se puede ver en ese bar, pero está conservado en manos privadas. Tampoco se encuentra ya en su emplazamiento original el relieve para la Industrias Nacoral en 1963, ni el Caballo galopando que hizo en 1968 para la Cafetería Oro del Rhin, hoy en paralelo desconocido, ni el Angelote sentado, que formaba parte de la entrada central del cementerio de Torrero y era su primera escultura pública en el sentido pleno de la expresión. Mejor suerte corrió otra escultura para un espacio público en Castejón de Monegros, un pequeño pueblo de 550 habitantes, localizado en la Comarca de Los Monegros, a los pies de la sierra de Alcubierre, cerca de Sariñena (Huesca), donde le encargaron una placa conmemorativa en mármol con retratos en bronce del matrimonio Burgasen– Mazuque. 

Entre las muchas obras suyas visibles en las calles de Zaragoza la más antigua es una colaboración con Antonio Torres Clavero: el Apostolado realizado en 1966 para el friso sobre la puerta de la iglesia del Convento de la Encarnación, al lado de la Puerta del Carmen. Pero poco más tarde, en 1969, realizaría uno de sus conjuntos más conocidos, las musas para la fachada del Teatro Principal, figuras de unos 230 centímetros colocadas un año después en las cuatro fachadas del teatro. Quince estatuas en total, aunque nueve eran las musas griegas, pero se van repitiendo cuatro figuras, que Rallo escogió por ser las musas relacionadas con los espectáculos de ese edificio: Talía, musa de la comedia y de la poesía bucólica; Melpómene, musa de la tragedia, con una máscara trágica; Euterpe, musa de la música, coronada de flores; Terpsícore, musa de la danza y de la poesía corporal. Cuando en 1985 se restauró el edificio transformando sus fachadas, se cambiaron de ubicación y algunas pasaron a coronar el tejado, cinco se instalaron en su interior y dos se llevaron a la plaza de Santo Domingo.

Otros encargos de prestigio llegaron en 1969 y 1970, concretamente un busto en bronce del poeta Miguel Labordeta, para su tumba en el cementerio de Torrero, a partir de su mascarilla funeraria, a sugerencia del periodista Alfonso Zapater.  En 1970, recibe el encargo de realizar varios medallones del Príncipe Juan Carlos, para sustituir las cabezas de Franco cuando falleciera, aunque la Zarzuela tardó demasiado en dar el visto bueno, llegando a fallecer el prócer promotor de la obra. En 1971, Rallo recibe el encargo de realizar el busto de Julián Nieto Tapia, una cabeza de mirada firme y serena, muy realista, que hoy podemos localizar en el patio de las escuelas de Miralbueno, en recuerdo a ese sacerdote y maestro de Miralbueno, un hombre muy querido en el barrio. En 1973 realiza un relieve para el Olivar Stadium,  un complejo deportivo, para el cual nuestro escultor ideó su anagrama con la iconografía de un olivo con los cinco aros entrelazados característicos de los Juegos Olímpicos.

Acabado el franquismo, durante los años de la Transición, siguieron encargos similares. En 1975 trabajó en Alagón (Zaragoza), concretamente en la fachada del Ayuntamiento, para la que ejecutó en piedra un escudo con la heráldica de la villa, que todavía sigue colocado sobre el balcón, por encima de la entrada principal. De nuevo en Miralbueno, en su Parque, nos encontramos el homenaje a Paco Lacasa, monolito de piedra, que fue una propuesta del barrio, para homenajear a su alcalde, con retrato de busto basado en una fotografía, siendo inaugurado el 22 de agosto de 1976. 

En 1976 realizó un busto en bronce dedicado al consagrado torero Braulio Lausín “Gitanillo” de Ricla para su pueblo natal, que quiso rendirle este homenaje antes del décimo aniversario de su muerte una glorieta con su nombre donde se erigió esta escultura, que lo representa ataviado con el traje de luces, con la montera calada y elegante chaquetilla. En otro pueblo de la provincia, Borja, encontramos la estatua de la Purísima Concepción en el patio del Colegio de Santa Ana, realizada por Rallo en 1978. De 1979 data un ángel a tamaño natural, para un panteón funerario de la familia Barrio en el cementerio de Jaca, donde aún se puede ver con sus alas desplegadas, y su mirada puesta hacia el cielo. Pero su principal obra pública de ese periodo la encontraremos en la zaragozana Plaza del Pilar: dos grupos de Niños con Peces,  tres crios de diferentes alturas y formas, que en sus manos llevan peces, de los cuales brota el agua. Son esculturas realizadas en bronce en la fundación Vilá de Tarragona, fechadas en 1979. Pilar Fernández Portolés fue la defensora férrea de este proyecto para decorar como fuentes ornamentales los pilares de mármol ya existentes, siendo a día de hoy un emblema de la ciudad  (Rallo Lahoz, 2009: 46-59).  Ambos grupos escultóricos se colocaron en octubre de 1979, anteriormente únicamente estaban los pedestales de hormigón, que servían únicamente como bebedores de palomas. 

En 1980 se le encargó a Paco Rallo que realizase un busto para rendir homenaje a Pilar Bayona, un año después de su muerte, a los 82 años de edad atropellada por un automóvil. Un busto en bronce hierático y sereno que se encuentra en el Conservatorio Profesional de Música. Ese mismo año, crea para Cretas (Teruel), un busto de Nicanor Villalta, (1897-1980), retrato en bronce hecho al poco de su muerte, que puede contemplar en los Jardines de Corona de Aragón. El torero mira a un frente alto, erguido con la cabeza alta, ataviado con trajes de luces, sin montera.

Fechada y firmada en 1980 está también la escultura que adorna en el Parque Grande el rótulo de la Calle Isabel Zapata, jotera zaragozana descendiente una familia de joteros de Andorra (Teruel). La escultura está realiza en bronce y piedra, a modo de un relieve; la figura va vestida con su traje de baturra, se muestra en pleno baile, elevando su mano izquierda. Ese mismo año Rallo, llevó a cabo múltiples trabajos de restauración de las figuras de la Fosa Común del Cementerio de Zaragoza.

En el limbo del arte en el espacio público, hay una curiosísima obra que Francisco Rallo llevó a cabo en 1982, es La Pilara, el cabezudo para la comparsa de Gigantes y Cabezudos de Zaragoza. Representa a Pilar Lahuerta, la famosa cantante de la Sala Oasis, que posó en el estudio del artista, como prueba un retrato a lápiz que se conserva. La escultura de Rallo ya no sale en la comparsa, sino una copia que se realizó luego ex proceso, para preservar la original. Otro aragonés ilustre cuya figura retrató fue San José de Calasanz, pero fue un encargo para Nueva York en 1985 que da testimonio de la difusión de su arte. 

Otras obras de los años ochenta en espacios públicos son una placa en arenisca para el Palacio de Montcada de Fraga (Huesca) en 1986 y una fuente ornamental que a mitad del 1987 realiza para la zaragozana plaza de Santo Domingo: es la conocida Fuente de las Musas, coronada por un obelisco, en torno al cual se asientan cuatro figuras de bronce que lo rodean. Son dos figuras femeninas y dos masculinas, La tragedia (llevan de atributo una máscara), La comedia (porta, como la tragedia una máscara), La expresión mímica (en posición de baile) y la música (lleva una lira), las escayolas se conservan en la Escuela de Teatro de Zaragoza. (Rallo Lahoz, 2009: 56). Durante 1988 y 1989 trabajó para la Academia General Militar, restauró el monumento a Alfonso XIII y realizó también, varios relieves; también realizó trabajos de restauración, para el panteón-monolito, de Joaquín Costa, en el Cementerio de Torrero.

Una obra de las más emblemáticas de la ciudad de Zaragoza y en la trayectoria artística de Francisco Rallo, se sitúa a ambos extremos del puente de Piedra: su reforma se había encomendado al arquitecto José Manuel Pérez Latorre, quién diseñó en 1989 los pedestales para los cuatro leones iguales de 250 cm de alto, 130 de ancho y 400 cm de profundidad, colocados en 1990, aunque no tuvo lugar la inauguración hasta el 8 de mayo de 1991. El león rampante siempre ha sido símbolo de la ciudad de Zaragoza desde que se encontró en una medalla del Pilar a mediados del siglo XIII; según parece, se debe a que Alonso VII, rey de Castilla y León, fue también durante un determinado periodo rey de Zaragoza y él cedió el emblema del león a la ciudad que aún se sigue usando, tanto en el escudo municipal como en el del equipo de fútbol. Quizá fueran una alusión a ese emblema los cuatro leones que en 1920 se colocaron en el Puente de Piedra, aunque eran figuras durmientes en una piedra de mala calidad que a los pocos años estaba destruida pero todavía eran recordados por una jota (Lorente, 2015: 65). En lugar de reproducirlos Rallo decidió realizar cuatro leones despiertos y protegiendo la ciudad: dos miran a la calle don Jaime, y otros dos miran hacía el Arrabal. Rallo realizó un profundo estudio anatómico de leones, tanto en revistas, fotografías, documentales o en el zoológico de Valencia, trabando durante dos años en este proyecto. Modeló varios leones a diferentes escalas: el primero se debió a la escala 1:30, el segundo león a escala 1:2 y el definitivo fue a tamaño natural. Los modeló en arcilla en una sala de la antigua facultad de Medicina y Ciencias, el actual Paranifo de la Universidad de Zaragoza, y luego comenzó el vaciado en escayola, con su hijo y con Fernando Cortés. Belen Boloqui, llevó un seguimiento fotográfico de la producción de esta obra, que se fundió en la fundición Ramón Vilá de Tarragona.  Al año siguiente, realizó los Medallones del León para todas las farolas de Zaragoza, que todavía hoy podemos contemplar y una Placa conmemorativa en el Puente de Piedra en bajorrelieve, de 190 x 140 cm.

Justo en frente, ante la fachada trasera de la Lonja, hay otra estatua animal firmada por Rallo que data de aquel mismo año y se inscribe en la misma reforma urbanística. Caballito, es un monumento-homenaje, al fotógrafo Ángel Cordero García. Se fundió en la fundición artística Vilá de Valls, en Tarragona, en 1991, se sitúa en el Paseo Echegaray y Caballero, en la plaza trasera de la Lonja. Es una escultura en bronce, con un pedestal en granito rosa. Lleva una inscripción que dice: “Al fotógrafo, Ángel Cordero García. Estuvo en esta plaza desde 1925 hasta 1978”. Ángel Cordero fue un fotógrafo ambulante que tuvo su "estudio" en esta plaza durante más de cincuenta años, fotografiando a grandes y chicos con un caballo de cartón piedra, como el que vemos en la foto. Como Paco Rallo ya había realizado muchas esculturas para feriantes, se le encargó, y la firmó en el cuello del caballito “Rallo 1991”.

Pero el punto nodal de aquella polémica y tan ambiciosa reforma urbanística de 1991 era la Plaza del Pilar, donde ya hemos visto que había dos fuentes obra de Rallo, a quien el arquitecto Ricardo Usón, responsable del proyecto de la plaza y fuente de la Hispanidad le encargó en este momento la Bola del Mundo, inaugurada el 8 de mayo de 1991. Un globlo terráqueo de hormigón en el que curiosamente están más hundidos que el mar los continentes, entre los cuales falta precisamente América, cuya silueta, o al menos la correspondiente a tierras hispanoamericanas se puede reconocer en la vecina fuente.

En ese año triunfal de 1991 también efectuó Rallo para su pueblo natal, Alcañíz, una talla en madera policromada, Jesús atado a la columna, que se puede considerar arte público pues es una imagen procesional que se puede contemplar en las calles alcañizanas cada Miércoles Santo, junto a otras obras como Jesús Nazareno realizado por Joaquín Larrañaga de 1958 o La Verónica de los Imagineros de Olot de 1983-1987.

Fue un momento en el que la carrera de Rallo alcanzó un punto de máxima consagración, no sólo en su tierra, sino incluso fuera de Aragón. En 1992, realizó nuevamente un busto en memoria de Joaquín Costa, que se encuentra en La Coruña, en el Parque de Santa Margarita. El modelo de escayola que usó para la realización de este busto, se encuentra en Zaragoza, en el Torreón Fortea. En la placa de debajo del busto se puede leer: “En Memoria de Joaquín Costa, ilustre aragonés que fue profeta de un tiempo nuevo, en los albores del siglo XX. La ciudad de Zaragoza donó a la ciudad de La Coruña, este busto para ornato del parque, que antaño llevó el nombre de Costa. Mayo de 1992”. La placa lo dice todo, no se precisan más explicaciones, salvo añadir que este original en escayola lo regaló su autor al Ayuntamiento de Zaragoza. Con otras autoridades locales también su relación había llegado a ser muy frucífera, incluida la Academia General Militar o la Universidad de Zaragoza, para la que realiza en 1994 una placa en mármol yugoslavo colocada en la antigua Facultad de Medicina y Ciencias, con el escudo de la Universidad rodeado de guirlandas.

Durante 1995-1996 interviene en la restauración y recuperación de los yesos de la Casa de los Morlanes, que podemos contemplar desde la Plaza San Carlos. No solo realizó una restauración de los relieves ya existentes, sino que hubo de añadir dos más de los cuales ni siquiera había alguna referencia. La iconografía no fue invento exclusivo de Rallo, pues estuvo asesorado por los arqueólogos del Ayuntamiento de Zaragoza. Tras varios estudios y reuniones con el arquitecto José María Ruiz de Temiño, director del proyecto, decidieron que esas dos yeserías añadidas estuvieran dedicadas a Salomón y la Creación de su templo y David venciendo a Goliat. Ambas obras las llevó a cabo con un tipo especial de yeso sin enganches que se conoce como el yeso de aljez.  

Otra obra pública, para el Parque Central en Ejea de los Caballeros (Zaragoza) realizada también en 1996 fue busto en bronce dedicado al Ilustrísimo Sr. Mames Esperabe Lozano, ejeano ilustre que fue nombrado Rector Magnífico de la Universidad Pontificia de Salamanca en 1869 y ejerció el cargo durante 31 años, llegando a simultanearlo con el de senador por Palencia en 1872. Retratado con su mirada al frente, traje y pajarita, cuelga sobre su cuello la Orden de la Gran Cruz de Isabel la Católica. Es una de las mejores estatuas públicas de nuestro artista, quien puso muy ufano su firma, "Rallo 96"  aunque no se inauguró hasta el 5 de abril de 1997, al final de la Avenida Pablo Cosculluela.

Del mismo año 1996 es una Virgen del Pilar, para los jardines del Pilar en Madrid, cuyos promotores podían haberla encargado a cualquiera, pues no es obra muy creativa sino de mera reproducción de la más icónica estatua de Aragón, pero decidieron que la realizase un escultor aragonés. Más interesante es la estatua en bronce del Padre Juan Bonal, fundador de las hermanas de Santa Ana, de 2,15 m, realizada en 1997 para la Ermita de Nuestra Señora del Salt (Zaragoza), aunque ahora ya no está visible en ningún lugar de frecuentación pública, pues actualmente se conserva en la casa general de la congregación en Zaragoza.

Tras el cambio de siglo, ya muy mayor, Rallo realizó menos encargos públicos. En el 2000 hizo un relieve en ámbar para la empresa cervecera La Zaragozana, productora de las cervezas marca Ámbar. En 2005 realizó diversos trabajos para la CAI. Pero su última obra pública zaragozana, acabada el año antes de su muerte, fue el busto en bronce a Antonio Beltrán Martínez, de 100 x 60 x 50 cm, sobre un pedestal de mármol. Se encuentra en la Plaza de San Francisco, muy cerca del Campus de San Francisco de la Universidad de Zaragoza, donde el homenajeado trabajaba como catedrático de Prehistoria, tal como explica la inscripción en su pedestal donde se puede leer “Antonio Martínez Beltrán 1916-2006. Catedrático de la Universidad de Zaragoza, Concejal, Medalla de oro y cronista de la ciudad” . Entre el medio millar de publicaciones de las que fue autor, este erudito natural de Sariñena (Huesca) realizó una gran labor como cronista oficial de la ciudad de Zaragoza, ciudad de la que fue hijo predilecto, por lo que el Ayuntamiento de Zaragoza le dedicó este monumento, inaugurado por Juan Alberto Belloch, alcalde de la ciudad en ese momento, acompañado de autoridades del campus universitario, hacia donde mira la efigie con gesto serio y sereno, perpetuando su recuerdo allí donde pasó tantas horas de su vida.

Con ello se cierra esta revisión panorámica a la obra pública de Francisco Rallo, uno de los más importantes escultores aragoneses del siglo XX, con obra pública abundante en Zaragoza, pero también en otras ciudades aragonesas, de las tres provincias, así como en Madrid, La Coruña e incluso fuera de España. Continuó con buen oficio la escultura pública tradicional, tanto de género religioso como el retrato monumental, con ejemplos tan señalados como los bustos de Beltrán Martinez, Mames Esperabe, Pilar Bayona, Pilar Lahuerta, Gitanillo de Ricla… Pero también aportó a la escultura monumental ejemplos innovadores, como los magníficos leones del zaragozano Puente de Piedra. Y está por estudiar su trayectoria artística en otros géneros y ámbitos, donde también fue muy prolífico.

Bibliografía.
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LOMBA SERRANO, C., La plástica contemporánea en Aragón (1876-2001), Zaragoza, Ibercaja, 2002.

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Webgrafía.
https://www.esculturaurbanaaragon.com.es/
https://www.zaragoza.es/sede/servicio/arte-publico/
 

Jorge ALASTRUEY BORRELL
Estudiante del Master de Estudios Avanzados en Historia del Arte, Universidad de Zaragoza

Fecha de Entrega: 30/05/2019
Fecha de Admisión: 20/06/2019


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