Número 47 | Junio de 2019
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El pintor y su perseverante biógrafo
José Antonio Val Lisa: Juan José Gárate. Tiempo y memoria Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2019
 
 

            José Antonio Val, licenciado en Historia del Arte y crítico del contemporáneo en publicaciones impresas y asiduo en esta revista digital, es ante todo un investigador de largo recorrido en sus pesquisas. Silencioso y perseverante, como ha demostrado en esta publicación monográfica sobre un artista aragonés del siglo XX.

            Eligió al pintor, Juan José Gárate, por razones de paisanaje al haber nacido en 1869 en Albalate del Arzobispo, de donde son también las raíces familiares de este su investigador, y por la extensa obra pictórica realizada hasta los setenta años de su vida, de la que en 1991 –Concepción- la hija mayor del pintor, hará donación a la Diputación General de Aragón, de un gran número de obras de su padre, datables desde finales del siglo XIX hasta el año de su accidental fallecimiento en Madrid.

            Del meticuloso trabajo investigador que ha llevado a cabo durante largos años, dan fe los 253 títulos de publicaciones que ha reunido al final del libro, a modo de colofón científico, en la relación bibliográfica, agrupada en fuentes documentales, de las que destacan los artículos de prensa, y en estudios de autores muy diversos.

            Presento la selección bibliográfica al principio de esta recensión crítica, a modo de tarjeta de presentación moral de este investigador freelance; especie poco frecuente en el entorno de los que nos dedicamos al conocimiento y difusión del arte contemporáneo avalados por la institución universitaria y por proyectos de equipos de investigación. No han sido estos los términos protectores en los que ha podido moverse José Antonio Val para realizar esta publicación que, sin embargo, han acogido las Prensas de la Universidad de Zaragoza en una esmerada edición.

            Ha estructurado el libro en cuatro apartados de distinta extensión, pero integradores de todas sus facetas biográficas.

            Uno primero sobre los antecedentes familiares de este pintor de padre de origen vasco establecido en este pueblo de agricultura próspera de la provincia de Teruel. La clave fue, como desvela el investigador, la presencia de un tal Santos Gárate, procedente de Azcoitia, que a finales del siglo XVIII se estableció en Albalate como maestro constructor, coincidiendo con el comienzo del episcopado en Zaragoza del vasco-navarro Agustín de Lezo, promotor, por ejemplo, de la construcción del puente de este pueblo, secular residencia veraniega arzobispal. Y ahí empezó la saga familiar de los Gárate artistas.

            Juan José era el menor de seis hermanos, de los que los dos mayores varones, Santos y Ricardo, trastearon con los pinceles, que abandonarán por los oficios de maestro de obras, mucho más sustanciosas, el primero y por la fotografía de salón y de campo el segundo, merecedor de un estudio investigador.

            Le sigue un breve epígrafe obligado, para la fijación del año de nacimiento del pintor, que descubrió en el Archivo Diocesano de Zaragoza y establece en 1869, un año antes de la que venían repitiendo las publicaciones.

            Una cuestión menor, pensarán, pero indicativa del rigor investigador del autor, que le da pie en el siguiente capítulo para confeccionar una pormenorizada cronología del pintor con indicaciones esenciales de acontecimientos artísticos personales o de la fecha de los cuadros en su opinión más destacados.

            El grueso de este estudio es el capítulo titulado “De la formación a la plenitud artística” con ocho epígrafes en los que aborda la vida y obra de Gárate.  Es el capítulo de José Antonio Val como investigador, mientras que en el siguiente, “Análisis del lenguaje visual del artista”, Val se manifiesta como crítico de arte con otro lenguaje expositivo.

            Un último y esclarecedor capítulo es el de “Gárate en el recuerdo” que nos aproxima a la fortuna de su obra. ¿Dónde se encuentran sus pinturas y qué trascendencia han tenido para la historia del arte y la cultura de Aragón de los primeros treinta años del siglo XX?

            El paso del tiempo es rigurosamente selectivo y a veces despiadado con los artistas. Las pinturas de Gárate están en colecciones institucionales, de las que quiero señalar las galerías de retratos oficiales de las mismas y que, a mi juicio, son lo más compacto y sólido de su producción artística en este género, tanto de sus años en Zaragoza como durante su estancia definitiva en Madrid.

            Fue Gárate uno de los retratistas de mayor solvencia y reconocimiento en la Zaragoza de los años en torno a la Exposición Hispanofrancesa de 1908, méritos compartidos con los pintores Mariano Oliver (seis años mayor y muy solicitado pintor de retratos) y Francisco Marín Bagüés (diez años más joven, con el que tuvo confianza mutua).

            De aquel año de la Expo. es la más sobresaliente de las pinturas, y de buen tamaño, de Gárate que tituló Vista de Zaragoza, propiedad de la Diputación provincial. Es un cuadro emblema del momento de prosperidad y optimismo de Zaragoza y a la vez síntesis de sus géneros pictóricos predilectos: los retratos de una docena de los más célebres personajes aragoneses de la ciencia, la pintura, la literatura o la economía, entre los que se incluyó en un extremo el propio pintor, el paisaje risueño de la vega de Zaragoza, vista desde el Cabezo, cerca del canal Imperial, que evoca la visión de la pradera de San Isidro de Goya, y la exaltación de la jota con un nutrido grupo bailándola en un segundo plano.

            Juan José Gárate ha llegado hasta nosotros con la etiqueta de pintor regionalista. Y como tal había sido reconocido a partir de una medalla de segunda clase en la Exposición Nacional de 1904 por una escena ambientada precisamente en el aludido puente de Albalate del Arzobispo.

            Hasta su marcha a Madrid en 1911 es, a mi juicio, el período, breve, pero de lo mejor de su pintura de inspiración regional, sobria y hasta monumental. Después, sobreabundaron hasta la náusea los cuadros de baturros sonrientes, de luminosos y gruesos empastes, que tan favorable acogida tuvieron en vida del pintor entre la burguesía madrileña y zaragozana y que la opinión posterior simplificará rutinariamente con este nombre castizo de zarzuela y chascarrillos que tanto contribuyeron entonces a encumbrar el aragonesismo baturro.

            Merecía este pintor, tan internacional en los años de su formación en Roma y en los viajes a Alemania y empero tan regionalista cuando se afincó en Madrid, un estudio como el que le ha dedicado nuestro investigador para desentrañar los avatares de su biografía y las circunstancias de su actividad pictórica

Manuel GARCÍA GUATAS
Profesor emérito y colaborador extraordinario de la Universidad de Zaragoza

Fecha de Entrega: 03/06/2019
Fecha de Admisión: 05/06/2019


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