Número 45 | Diciembre de 2018
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Lo que puede haber del silencio en una pintura. La hache muda de Daniel Bilbao
Galería Birimbao. Sevilla
 
 

    Si en un ejercicio de imaginación fuéramos capaces de adentrarnos en la casa de El otoño del patriarca antes de que los animales ocuparan sus cuartos, quizá fuéramos capaces de sentir el silencio acumulado entre los portones blindados y hasta el aire longevo antes de que lo reemplazara el del gallinero. ¿Es posible entonces el silencio en el mundo de las ideas?, ¿lo es en el mundo de las imágenes? Podríamos incluso hablar del aire en la pintura como lo hizo Dalí acerca del de "Las Meninas", examinando la calidad y densidad de su atmósfera, aunque estas consideraciones sean más propias de la conjetura o la idolatría que del mero análisis formal de la pintura. Sin embargo, con frecuencia realizamos asociaciones de ideas al observar una obra delante de nosotros sin que en ésta necesariamente haya una referencia directa a la condición o al sentimiento, como puede ocurrir con la soledad de las personas retratadas en los cuadros de Edward Hopper, Vermeer o el danés Hammershoi.  

    En ocasiones una sola pintura es capaz de motivar toda una lectura hasta el punto de ser interpretada en diferentes artes, como ocurrió con el cuadro “Camino al Calvario”, de Peter Bruegel, el cuál fue llevado al cine en forma de representación teatral bajo el título de “El molino y la cruz”. A veces, incluso, los artistas son capaces de impregnar sus cuadros de cierto misterio, como si éste fuera un material más de la paleta y el estudio o parte de las pátinas utilizadas durante su proceso. Es lo que parece ocurrirle a Daniel Bilbao (Sevilla, 1966), para quien la pintura de paisaje constituye un motivo en el que caben tanto el racionalismo arquitectónico como la libertad expresiva y particular del gesto del pintor.

    En su muestra actual, titulada Tácet, reúne una serie de pinturas realizadas en su mayoría sobre tabla o papel y en formatos panorámicos que, si bien conservan el sello inconfundible del pintor y doctor en Bellas Artes, también revelan el compromiso de Bilbao hacia la síntesis y el minimalismo de las formas estudiadas en el tema de su último proyecto, y que ha tenido al Museo Calouste Gulbenkian de la capital portuguesa como principal referente. También hay guiños a otros arquitectos más cercanos, como ocurre con su paisano Javier Terradas. En el catálogo que tanto Daniel Bilbao como la galería Birimbao han presentado con motivo de su exposición, el pintor describe Tácet como “la figura que, en música, representa el silencio. Podemos decir que es el símbolo gráfico de éste, metafóricamente…el silencio musicalizado”, y continúa:

    […] Gráficamente viene a ser una H alargada en su horizontal I----------------I, lo que no puedo evitar asociar con elementos de la arquitectura racionalista y la máxima atribuida a Mies van der Rohe "menos es más”.

    Uno de los logros de Bilbao, además de su más que evidente desenvoltura y facilidad en la construcción de las formas, es el de permanecer equidistante entre la cuidada estética y el contenido que motivó esta serie, que no es otro que el silencio de los espacios vacíos tanto del interior del museo como de los jardines que lo rodean. El pintor no solo acude al ideario minimalista para resolver sus composiciones formalmente sino que además lo aplica a la elección de las gamas cromáticas, reduciendo las condiciones lumínicas del motivo natural a una paleta velazqueña llena de matices grisáceos, verdosos, ocres ensombrecidos y tonos terrosos. Confía por otro lado en la belleza racionalista de los motivos escogidos, como ya lo demostró en series anteriores como Rastrojos o Paisajes industriales, potenciando la belleza de las estructuras arquitectónicas mediante el uso de formatos alargados. En ocasiones su visión plástica parece acercarle más al campo de la ingeniería o la arquitectura que al de la propia pintura, donde los principios funcionales de un proyecto pueden ser admirados también por la belleza de sus soluciones reduccionistas, como ocurre con el cálculo de estructuras de Carlos Fernández Casado o con las reflexiones de Javier Rui-Wamba sobre los puentes de la ría de Nervión.

    Las obras que componen Tácet son una parte del trabajo que Daniel Bilbao ha llevado a cabo en el CIEBA (Centro para la Investigación y Estudio de Bellas Artes) y en la Facultad de Bellas Artes de Lisboa, donde ha realizado más de cincuenta obras gracias a diferentes estancias de investigación. Las líneas estilizadas del Museo Gulbenkian, creadas por Ruy d´Athouguia, Pedro Cid y Alberto Pessoa, son herederas de aquellas horizontales prolongadas que hicieron de Van der Rohe uno de los arquitectos más importantes del siglo XX, haciendo de la visión ortogonal una hache expandida que ahora, curiosamente, Bilbao representa para mostrarnos el mutismo de sus espacios y la ausencia de quienes lo transitan. Los interiores realizados al óleo, así como los dibujos con punta de plata, nos muestran tan solo el mobiliario desnudo que ocuparán circunstancialmente los visitantes al museo, intuyéndose entre las formas un silencio absoluto. También en el catálogo Daniel Bilbao explicaba la anécdota que llevó a John Cage a considerar el silencio como una circunstancia intangible, y que tan solo debía ser posible como concepto. Quizá por esto mismo construyera el silencio de sus cuatro minutos y treinta y tres segundos con tinta sobre papel.

Gonzalo RODRÍGUEZ GÓMEZ
Artista visual e investigador

Fecha de Entrega: 30/12/2018
Fecha de Admisión: 31/12/2018


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