Número 45 | Diciembre de 2018
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Tótems y espacios reflejados en la pintura de Alfonso Albacete
CAAC, Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Sevilla (imagen Destiempo 3 (Taller Jacob)”, 2016. Alfonso Albacete. CAAC, Sevilla)
 
 

    Desde el pasado nueve de noviembre el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo dedica al pintor malagueño Alfonso Albacete (Antequera, 1950) la que supone su primera gran retrospectiva, si consideramos como parcial la que se llevó a cabo en 1988 en el Museo de Arte Español Contemporáneo, ya desaparecido y reemplazado por el actual Museo de Arte Reina Sofía. La exposición, titulada Alfonso Albacete. Las razones de la pintura, está comisariada por Mariano Navarro y coproducida por el CAAC y la Fundación MAXAM, donde hasta hace algo más de un mes estuvo expuesta una colectiva conducida por el propio pintor antequerano bajo el título de Vanitas. Según confiesa el crítico Mariano Navarro, el título de la muestra lo tomó de una conversación con Armando Montesinos y Juan Navarro Baldeweg, quienes se preguntaban: “¿Cómo se independiza uno de la modernidad dominante para construir su propio discurso?”

    A Morandi le llevó más de treinta años encontrar su propia visión de la pintura, después de interesarse por el futurismo y los novecentistas, el Monet más aplaudido no llegó hasta la expresividad de su pincelada en los jardines de Giverny, y otros artistas como Pérez Aguilera o Esteban Vicente dedicaron décadas de trabajo hasta llegar a sus obras más emblemáticas y de mayor reconocimiento. La retrospectiva de Albacete demuestra su compromiso con la pintura y también la persistencia en algunas ideas que ya se vislumbraban a finales de los años 70, como en su exposición En el estudio celebrada en la madrileña galería Egam. En ella el pintor malagueño lanzaba sus primeras reflexiones sobre la naturaleza de la pintura y la necesidad de reivindicar el fin mismo del medio plástico.  

    La muestra puede ser visitada en el Claustrón Sur y ocupa gran parte de la trayectoria del artista, dándole la bienvenida al visitante con las obras más tempranas de Albacete y en las que hay claros guiños a compañeros coetáneos y otros próximos al expresionismo abstracto americano. Comenta el comisario que “Las razones de la pintura se ha articulado en dos grandes apartados que ofrecen una doble lectura, una cronológica y otra temática”. Si bien el primero recorre el corredor central a modo de repaso cronológico y como “diálogo” con el discurso y la estética de otros artistas, las obras del segundo bloque –las que responden a una temática en concreto- se distribuyen en las seis salas a modo de proyectos o series en las que ha trabajado Alfonso Albacete hasta la actualidad. Quizá también habría sido interesante hacer otra lectura del espacio que ocupan las obras del corredor ya que, para los que no conozcan el Claustrón Sur o no hayan podido visitar todavía el CAAC, estas obras referenciales se exponen en un espacio particular en el que se pueden contemplar las bases de los hornos cerámicos de la Cartuja y que pueden adivinarse desde el exterior, por donde sobresalen las chimeneas de ladrillo visto. Comento esto en relación a las obras de la sala 2, en la que el tema principal es el estudio de Albacete. En las Notas de pintura subterránea, el pintor escribía lo siguiente:

Trabajar bajo tierra provoca un cambio en el punto de vista, lo que a su vez introduce variaciones en la idea de la pintura. […] Una escalera flanqueada por rampas une el estudio con un jardín al aire libre. Por ella bajan las noticias, los visitantes, la luz… y por ella subo yo, deslumbrado, a poner los pies encima de la tierra. Estas ascensiones y bajadas matinales, aparentemente tan sencilla, unen, como en un túnel, visiones diferentes de un mismo mundo.

Es por esto por lo que decía que el espacio del corredor central no solo parece recoger sus obras de una forma cronológica, sino que también funciona como un espacio de unión, al igual que la escalera de su estudio, entre la producción de unas y otras series temáticas. Así por ejemplo, las primeras obras en ser contempladas, Lápices y En el estudio, están en clara consonancia con Jacob 12 (el estudio que tuvo en la calle San Emilio en Madrid), o Destiempo 3 (Taller Jacob) y Natura trece (Especulacción), siendo estas dos últimas una suerte de juego de espejos con respecto a Jacob 12. Albacete crea de esta manera auto-referencias a su propia obra y a la pintura misma, relevando parte de su proceso creativo y extendiendo su discurso plástico hacia aquellos dispositivos con los que las pinturas son analizadas y contempladas por el público, historiadores y críticos. Es lo que ocurre en su serie Conferencias de arte, realizada en 1997 y expuesta en la sala 1, donde aparecen representadas las mismas pinturas dentro del cuadro en forma de proyección audiovisual. De una forma similar son sus referencias a otros artistas y a ciertos temas mitológicos, como los dedicados a Judith (2010) o Salomé (2011).

    De entre sus obras realizadas de forma más experimental, las que conforman las salas 5 y 6 son, sin duda, las que contienen gran parte del complejo lenguaje de Alfonso Albacete, ya que en ellas el paisaje es tratado a partir de recuerdos y experiencias vividas en diferentes y exóticos lugares, como China, Japón o India. El mar de la China (2005), El jardín japonés (2009), o Cueva Negra –Primavera- (2002), nos permiten analizar los préstamos que Albacete tomó de artistas como Pollock, Mondrian o Klein, así como del particular paisaje oriental y la cultura zen.

    La pintura de Albacete nos invita a observarla y también nos conduce hacia la reflexión. Al igual que el reflejo de una imagen, el motivo ya no es el mismo sino una distorsión, una apariencia dentro de la representación que el artista se encarga en señalar para que nuestra lectura del cuadro sea posible. El director de cine Christopher Nolan utilizó en su película Origen un recurso visual muy útil que nos permitía seguir las distintas capas del sueño y, por ende, la propia trama narrativa, un objeto que indicaba al protagonista si se encontraba en la realidad o solo en un sueño, al que llamaba tótem. Albacete parece utilizar la representación de su estudio con fines ambiguos, para situarnos delante del cuadro y perdernos en él.  

      

Gonzalo RODRÍGUEZ GÓMEZ
Artista visual e investigador

Fecha de Entrega: 30/12/2018
Fecha de Admisión: 31/12/2018


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