Número 45 | Diciembre de 2018
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Pinturas y dibujos de Fernando Alvira en cincuenta años de la trayectoria artística
Centro Cultural Manuel Benito Moliner, Huesca
 
 

Cincuenta años desde su primera exposición personal son verdaderamente un hito digno de celebración; pero más todavía cuando parece, como es el caso, que la producción antigua para nada resulta añeja... Casi diría que como el propio Fernando Alvira, por quien se diría que no pasan los años. No sé cual será la clave en lo que se refiere a su aspecto; pero por lo que respecta a sus obras si no envejecen es porque nunca se ha afanado por seguir las corrientes a la moda en cada momento, así que el resultado es una trayectoria muy personal, manteniendo un estilo siempre fiel a sí mismo. De hecho, se han intercalado obras de distinta datación sin que desentonen entre sí, tanto en la sala como en el catálogo. En el texto de esta publicación el protagonista nos revela cuanto le marcó cuando era estudiante en la Escuela Superior de Bellas Artes San Jorge de Barcelona el magisterio de Jaume Mutxart, de Josep Puigdengolas, y sobre todo de Ramón Sanvisens (cuyos paisajes rurales de colores y empastes fauves en efecto tienen cierto parentesco con algunos de Fernando) y luego reconoce la influencia que en su madurez supuso la cercanía y amistad de José Beulas (a sus “paisajes esenciales” debe mucho el excelente cuadro que protagoniza la cubierta del catálogo: un óleo de 2018 titulado Hoya de Huesca). Pero las más idiosincrásicas composiciones de Beulas son en mi opinión sus áridos horizontes esteparios en los que la tierra reseca sirve de amplio escenario lunar a algún solitario protagonista: quizá un labriego o su burillo. En cambio, lo más típico de Alvira son naturalezas feraces y en las que la presencia de habitantes solamente está implícita (a través de los cultivos, arquitecturas, carreteras u otros vestigios humanos) pues no suele representar animales ni personas. Una excepción en esta exposición es su reciente acuarela con una vista de la playa de Casteldefels, en la cual ha querido reforzar la perspectiva con figuras de paseantes que se van haciendo más diminutos conforme se alejan hacia el punto focal (es la imagen que cierra el catálogo, quizá con idea de señalar que por esa vía piensa seguir en el futuro inmediato). La otra caracterización más personal de los paisajes de este fecundo artista es su predilección por anchas panorámicas, con formatos extendidos extraordinariamente en horizontal, tanto para grandes lienzos como para pequeños papeles o cartones, que se prepara él mismo (lo explica con todo tipo de detalles técnicos en el catálogo), al salirse de los habituales estándares que tienen los soportes comercializados en las tiendas de materiales artísticos. La etapa en la que con más asiduidad cultivó este formato fue la de los “Paisajes viajados”,  trabajados con toques fluidos y esbozados, cuando estaba obligado a viajar mucho por sus cargos profesionales; pero tras la jubilación aún los sigue cultivando estupendamente, cosa que podrán comprobar quienes visiten otra exposición que también tiene ahora mismo en Binéfar con abundantes óleos de trazo fluido… Una fluidez que por cierto domina con magistral soltura en sus acuarelas, como corroboramos diariamente sus seguidores en Facebook y en su blog, pues cada día nos sorprende con una nueva dedicada a algún hermoso paisaje.

Jesús Pedro LORENTE
Director de AACADigital

Fecha de Entrega: 30/12/2018
Fecha de Admisión: 31/12/2018


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