Número 45 | Diciembre de 2018
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Iturrino, pintor salvaje
La furia del color. Francisco Iturrino (1864-1924). Museo Carmen Thyssen Málaga. 06/10/18-03/03/19
 
 

Desde finales del siglo XIX y principios del XX los volúmenes simplificados del cuerpo humano se convierten en actores de una corriente de investigación que se constituye en un motivo prioritario para numerosos artistas. Esta preocupación formal es sugerida por  Paul Cézanne, seguido en mayor o menor medida por Matisse, Derain o Picasso. Para otros artistas la reflexión sobre el cuerpo desnudo, generalmente el femenino, es una manera de simbolizar un mundo idealizado vinculado a una estética arcaizante. En el complejo panorama de la plástica española de fin de siglo, encontraremos a diferentes tipos de mujeres que formaron parte del ideario de la España Negra. Las gitanas fueron un tema usual a finales y principios del siglo, incluso para aquellos pintores que evolucionaron de forma muy distinta. Desde la vertiente social, incluida la denuncia, o desde la más folclórica, estos personajes femeninos protagonizaron las obras de numerosos pintores, una temática con buena acogida en el mercado. Para otros artistas, como el pintor Francisco Iturrino, la búsqueda de la belleza arcaizante otorga a la representación de la mujer como símbolo de equilibrio, de proporción y medida, al tiempo que una reconciliación con las raíces del mundo clásico. Inconformista, inquieto, audaz e innovador, con estos cuatro adjetivos podría resumirse la trayectoria vital y artística de este artista santanderino, que sigue siendo un desconocido para el gran público, pese a la radical modernidad que representó en el panorama español de su tiempo. Para resarcir esa desatendida marginalidad, el Museo Carmen Thyssen Málaga, acaba de inaugurar una extraordinaria exposición retrospectiva bajo el título: La furia del color. Francisco Iturrino (1864-1924)

Francisco Iturrino vivió una existencia intensa e inquieta. En su desconocida biografía, se le muestra como un nómada en búsqueda permanente de inspiración y estímulo artístico, a través de un periplo vital que le llevó de norte a sur, tanto en España como en Europa. Tras un periodo formativo en Bélgica, Iturrino se instala en París en 1895. Como buena parte de la crítica francesa, los escasos escritores españoles que se acercaron a la obra de Iturrino en estos primeros años del siglo le consideraron, en gran medida, un imitador, un seguidor de Zuloaga. Tanto Iturrino como Zuloaga realizaron una visión de la pintura de costumbres posromántica, recogiendo una serie de arquetipos sobre lo español. Frente a la presencia enjuta y severa, de gran intensidad psicológica de los personajes de Zuloaga, Iturrino se interesó por mostrar la voluptuosidad y sensualidad del cuerpo femenino, adornado con elementos populares y alejándose de la introspección. Ambos solían escoger formatos generosos para sus cuadros y una proporción monumental para los personajes, de esta forma se diferencian de las diminutas figuras del costumbrismo, génesis de esta pintura. En estos años reafirma su temática y su estilo, protagonizados por motivos andaluces y realizados con probabilidad en Sevilla. Continuaba trabajando con asuntos castizos realizados con una paleta clara y luminosa.

De sus continuos cambios de residencia destaca sin duda el tiempo compartido con Matisse en Sevilla. Con él explora el uso del color para transcribir sensaciones y como elemento compositivo, del espacio y las formas, y se contagia de la fascinación del francés por la figura femenina, sustituyendo Iturrino en estos años sus “manolas” por sugerentes y audaces desnudos de anónimas modelos sevillanas u odaliscas marroquíes. Nos encontramos ante mujeres afables, efusivas, expresivas, que posan alegres con vestidos blancos con los que el pintor juega a mostrar las carnaciones de la piel o las transparencias del tejido. No son damas de la burguesía sino mujeres populares, sus cuerpos se ofrecen con total generosidad. El tema de las bañistas es uno de sus principales motivos pictóricos. Además de la temática del baño, realizará obras en las que sus saludables mujeres se revisten de un mayor erotismo. Al mismo tiempo el pintor acentúa este generoso ofrecimiento representando su imagen desde una perspectiva en contrapicado, acentuando la idea del voyerismo. Son años de plenitud de artista, ya con un estilo propio, absolutamente personal y novedoso dentro del panorama español: el protagonismo del desnudo femenino, la conexión con la naturaleza, la sensualidad y el erotismo, en definitiva, un canto a la alegría de vivir.

Iturrino creó una obra muy singular, furiosa de colorido, libre, espontánea, desinhibida, y vigorosa. Una pintura que exalta la belleza femenina y renueva el folclore español. Su mirada aportó matices novedosos a la pintura de temática española heredera del costumbrismo. Su estética es el resultado de una  apuesta  arriesgada y valerosa en su tiempo, pues supuso la fusión de elementos heredados de los maestros postimpresionistas con la pintura regionalista, y lo hizo desde un tratamiento técnico que mostraba recursos novedosos, con una pincelada líquida, amarga y gestual y una gama cromática intensa y exaltada. Sus obras están dotadas de una energía y expresividad que aún hoy permanecen.

José Antonio VAL LISA
Miembro de AACA, AECA y AICA

Fecha de Entrega: 13/12/2018
Fecha de Admisión: 20/12/2018


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