Número 45 | Diciembre de 2018
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Del barro a la madera. Esculturas de Elvira Adiego, que merecerían una versión monumental
Ateneo de Zaragoza
 
 

Tras muchos años de brillante trabajo como arquitecta y urbanista municipal en Zaragoza, Elvira Adiego ha encontrado por fin, ahora que está jubilada, el tiempo necesario para montar una muestra antológica de sus esculturas, muy variadas en materiales y estilos. De entrada lo más impresionante es, como bien indica el título de la exposición, el amplio registro de técnicas escultóricas que domina la autora, lo cual evidencia el gran esfuerzo de formación y tiempo dedicados al paciente modelado del barro, a la creación de cerámicas, al metal fundido o recortado, a la talla de madera… Quizá fuera una manera de combatir con esa sudorosa actividad manual el estrés psíquico de tantas horas concentrada en el meticuloso dibujo de planos arquitectónicos, como Ingres encontraba descanso para sus dedos tocando su violín cuando se fatigaba de pintar. No traigo a colación por mera casualidad al pintor francés, pues parece evidente la influencia estética francesa, sobre todo de la llamada Escuela de París. Hay homenajes a sus escultores aragoneses, como Honorio García Condoy, cuyos tótems estilizados y primitivistas han inspirado algunas estatuillas dedicadas a parientes de la artista, como la esbelta talla que protagoniza el cartel anunciador de la muestra, pero el magisterio preponderante es sobre todo del gran Pablo Gargallo, tanto en los trabajos a base de chapas recortadas como en las esculturas de bulto redondo donde Elvira juega poéticamente con efectos de hueco y volumen. Algunas son muy dinámicas, pero me parecen mejores las de estructura reposada, y si bien algunas pocas obras han sido sabiamente construidas a base de geometrías analíticas yo creo que destilan mayor inspiración las esculturas biomórficas. Entre ellas abundan mucho las composiciones centrípetas, dominadas por formas replegadas, con oquedades a las que se otorga gran protagonismo; quizá un guiño feminista, pues se trata mayoritariamente de figuras de mujeres. A mí me han gustado muchísimo las de joteros y joteras bailando, cantando o tocando la guitarra, que por lo visto ya triunfaron en otra exposición previa en la Casa de Aragón en Madrid: allí el efecto de la nostalgia de la patria chica o de lo exótico a ojos foráneos las haría aún más apreciables, mientras que en tierras mañas tenemos ya la sensibilidad más encallecida frente a estas temáticas, sobre todo por la saturación de monumentos con baturros de escaso encanto que atestan nuestros entornos urbanos. ¡Mucho ascendería el nivel medio de calidad si se ampliasen para algún encargo de estatuaria pública algunos de estos trabajos de Elvira Adiego, que a mi juicio son pequeñas crisálidas con vocación monumental! Ya hace años que otros funcionarios municipales cercanos en edad y negociado, como Antonio Asensio o Andrés Álvarez tienen plantada alguna escultura en espacios públicos de Zaragoza así que con mayor razón los responsables de urbanismo podrían rendir un merecido homenaje a una ilustre compañera ya retirada que tanto ha trabajado por esta ciudad.

Jesús Pedro LORENTE
Director de AACADigital

Fecha de Entrega: 15/12/2018
Fecha de Admisión: 18/12/2018


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