Número 45 | Diciembre de 2018
Paseo María Agustín nº 20 Zaragoza - 50004     Tfno.: 976 28 06 60      jpl@unizar.es Normas/plazos para la propuesta de artículos
(call for papers)
imprimir
 
Historia de la Colección Santamarca
Colección Santamarca. Esplendor Barroco. De Luca Giordano a Goya y la pintura romántica. Palacio de Sástago. 10/10/18-06/01/19
 
 

En nuestro país, entre mediados del siglo XIX y la Guerra Civil de 1936, la imagen del coleccionista de obras de arte encarna la de un personaje de prestigio, que da rienda suelta a sus pasiones privadas, con acceso a las élites del poder político, y que a veces contribuye a salvaguardar y engrandecer el patrimonio del país. Estas grandes colecciones artísticas formadas entre los siglos XVIII y XIX, que contaban con obras de artistas italianos, flamencos, alemanes y holandeses, empiezan a verse despojadas, bien por la falta de sensibilidad o desconocimiento, de obras de la llamada Escuela Española, obras de arte que comienzan a despertar un interés por parte de coleccionistas extranjeros –no podemos olvidar un nuevo contexto que se produce en toda Europa en ese momento, la aparición del mercado, que trae consigo la figura del marchante, que actúa de puente entre el artista y el coleccionista burgués–. En los últimos años desde la óptica de la historia del arte y museística, el estudio del coleccionismo de arte creado  en la época contemporánea, ha sido objeto de gran interés, como lo demuestran el gran número de publicaciones, exposiciones y otros proyectos de investigación que se han llevado a cabo con este propósito. Una de estas colecciones, que ha sido objeto de estudio y revalorización recientemente, ha sido la colección Santamarca

La colección de pintura Santamarca es una de las más importantes de España de propiedad privada. Fue formada por Bartolomé de Santamarca a mediados del siglo XIX. A lo largo de los años, y como signo de prestigio social, el conde de Santamarca reunió en las casas de su propiedad en la calle Alcalá una importante colección de obras de arte que servían de decoración a su residencia y en la que destacan las pinturas, por su importancia numérica y por la alta calidad de gran parte de ellas. Colección muy amplia, desde el punto de vista cronológico (siglos XVII al XIX). Por lo que respecta a las escuelas, destaca por su importancia la española, seguida de la flamenca y la italiana, estando menos representada la francesa. La colección fue incrementada por su hija Carlota de Santamarca, que falleció en Madrid en 1914, y estableció en su testamento que se dispusiera toda su fortuna, incluida la colección artística, para la institución de una fundación benéfica para huérfanos de Madrid. Durante la guerra civil, la Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico se hizo cargo de parte del patrimonio artístico de la Fundación Santamarca, almacenando las pinturas en los depósitos establecidos en el Museo del Prado y en el Museo Arqueológico Nacional. Concluida la guerra, fueron devueltas al asilo Santamarca las obras de la colección que habían sido incautadas. Todo ello se volvió a instalar en las dependencias de la fundación. El conjunto de obras, formado en su mayor parte por pinturas y algunas notables esculturas, muebles y objetos de artes decorativas ha sido poco divulgado. Casi desconocida la colección salvo por unos pocos eruditos y especialistas de historia del arte. Estas circunstancias favorecieron el olvido de la colección, perdiéndose  la memoria de algunas de las obras. Pero sin lugar a dudas, el “redescubrimiento” de la Colección Santamarca tuvo lugar con la magnífica exposición titulada: Colección Santamarca. Pinturas restauradas en 1983 por la Fundación Banco Exterior, que se celebró durante los meses de febrero a marzo de 1984 en la Sala de exposiciones del Banco Exterior, en el paseo de la Castellana de Madrid. Zaragoza, tiene la oportunidad  de verpor primera vez,una exposición antológica de la colección de pintura de Fundación Santamarca de Madrid. La exposición organizada por la Diputación Provincial de Zaragoza, diseñada bajo la dirección técnica y científica del comisario de la exposición, Wifredo Rincón, historiador del arte y Profesor de Investigación del Instituto de Historia del CSIC. Las obras poseen una cronología que abarca casi tres siglos, desde comienzos  del siglo XVII hasta la segunda mitad del ochocientos. Está integrada por 98 pinturas repartidas por once espacios distribuidos por las dos plantas del Palacio de Sástago.Los temas representados en su amplia temática destacan la pintura religiosa, los paisajes y bodegones de flores, además de algunos retratos, todos de carácter general.

 

De Goya al paisaje romántico

De toda la colección sobresale la serie de cuadros de gabinete con escenas de niños pintados por Francisco de Goya. La de la colección Santamarca de Madrid es la única de las posibles series que representan escenas de juegos de niños que está completa, con seis cuadritos. Se trata pues de obras acabadas, las figuras de los niños están ejecutadas con toques sueltos y nerviosos, llenos de vigor, pinceladitas precisas para resaltar los efectos de las luces sobre esas figuras y objetos, tratadas como si fueran miniaturas. Por lo tanto no estamos ante bocetos para cartones para tapices, pues los seis cuadritos tienen el mismo formato y dimensiones. Goya las pintaría no sólo como un divertimento, como una expansión pictórica, en la línea de los asuntos jocosos, alegres y campestres que se pedían para los cartones para tapices, sino con la intencionalidad ilustrada y pensado en su venta a particulares, nobles o burgueses, que podían colocarlos en gabinetes de sus casas como adorno, dentro de una ambientación adecuada para tertulias, conversaciones, etc. Según la investigación del historiador del arte Arturo Ansón Navarro:

De las seis escenas tres están ambientadas en España: Niños jugando a soldados, Niños jugando a pídolay Niños jugando al toro, y las otras tres en Roma, con ruinas clásicas como fondo: Niños peleándose y jugando con un balancín, Niños peleándose por castañasy Niños buscando nidos de pájaros en las ruinas. Los niños representados en estas escenas pertenecen a familias pobres, de la clase baja o popular. Son niños de Madrid, de pueblos de Castilla, o pobres romanos del Trastevere o del Campo dei Fiori. Los representados en estos seis cuadritos de juegos infantiles son hijos de artesanos y de campesinos pobres o humildes, salvo dos niños que, vestidos con unos uniformes escolares azules, se burlan de los niños que pelean y riñen entre ellos en la escena Niños peleándose y jugando con un balancín. Estos niños más ricos, posiblemente alumnos de un colegio romano de los jesuitas y de extracción burguesa.

Un aspecto que aleja de otros coleccionistas del momento al primer conde de Santamarca, fue su particular interés, y posible mecenazgo, por algunos de los pintores coetáneos: como los hermanos Antonio y José  de Brugada, Vicente Camarón y Torra y Jenaro  Pérez Villaamil, por citar algunos. El género utilizado por la mayoría de estos artistas, será el paisaje romántico. Quizás de todos ellos, sea Pérez Villaamil, pionero de los temas “orientalistas” en la pintura romántica española, el autor español de quién más obras se encuentren en la colección Santamarca, seguido de los hermanos Antonio y José Brugada. Quizás sean las marinas de Antonio, las que mayor interés para nosotros puedan tener, por ser un aspecto poco común en la pintura romántica española, y del que conocemos muy pocas representaciones. Como en la mayoría de sus cuadros, la factura del mar es dura en los primeros términos, mientras que  en las lejanías del paisaje esas durezas lineales van cediendo a favor de una suavidad evanescente que se confunde con las brumas de las lejanías. También se conocen encargos que fueron pintados juntamente, y de forma expresa, para la colección del conde de Santamarca. Tenemos los casos de Dióscoro Teófilo de La Puebla, con dos tablas de misma dimensiones e idénticas firma y fecha, así como similar técnica. En ambos casos se nos presentan escenas costumbristas inspiradas en una época que pretende ser de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Ángel Lizcano, con tres tablas que forman un grupo de características similares: poseen las mismas medidas e idénticas características estilísticas y temáticas. De ellas, sólo la titulada Jugadores de naipes está firmada y fechada en 1867. Para finalizar, en lo que respecta a los retratos familiares, destacaremos la  maestría de Bernardo López como pintor al pastel, por ofrecer la imagen de los condes, padre e hija, de esmerada destreza y gran finura, lo que se manifiesta sobre todo en este retrato de la joven Carlota, y del mismo personaje, ya en edad adulta, un retrato excelente de Moreno Carbonero, considerado uno de los más prestigiosos pintores de la alta sociedad del Madrid de su momento.

José Antonio VAL LISA
Miembro de AACA, AECA y AICA

Fecha de Entrega: 13/12/2018
Fecha de Admisión: 20/12/2018


<< volver imprimir