Número 45 | Diciembre de 2018
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El Bosque habitado: Sylvia Penning
Librería Ibor de Barbastro (Huesca)
 
 

Cerca de una treintena de obras en pequeño formato presenta la artista Sylvia Pennings en la Librería Ibor de Barbastro (Huesca), cuya sala de exposiciones se ha venido conformando en los últimos tiempos –junto al proyecto dinamizador dirigido por el artista Miguel Ángel Encuentra- en una referencia de la vida cultural de la capital del Somontano para que “no sólo de vino viva el hombre”. Encomiables propuestas que intentan reparar en lo posible la inacción institucional limitada por lo general a intermitentes eventos de “relumbrón”. Sylvia Pennings (Amsterdam, Holanda, 1961), una creadora de amplia trayectoria internacional, adapta su selección a las reducidas dimensiones de la sala barbastrense con el título de “Enramada” (del 29 de noviembre de 2018 al 13 de enero de 2019).

Aun siendo forzosamente muy limitada por obvias razones de espacio, la selección propuesta permite al espectador una rápida inmersión en el rico mundo creativo de la artista y una clara apreciación de algunos de sus intereses estéticos más genuinos. Formada artísticamente en Holanda pero residente en Zaragoza desde 1989, Pennings se mueve en una dimensión figurativa con una alta sensibilidad lírica conectada estrechamente con las inquietudes intelectuales de su país de origen. Este sustrato alimenta una refinada “poética espacial” que, muy por encima de las aparentes intenciones “psicológicas” apreciables a un nivel de lectura superficial, deriva en un trabajo formalmente muy depurado, que a veces parece internarse, sin traspasarlos nunca, en los límites de la ilustración literaria o en los del dibujo sin más pretensiones; sus formulaciones creativas proponen un “juego de las apariencias” nada inocente, mucho más complejo de lo que a primera vista pueda parecer, donde el concepto del trabajo textil y sus importantes simbologías relacionadas con lo “femenino” están muy presentes.

En efecto, la larga formación de la creadora en su Holanda natal dentro del campo artístico de los textiles (Academia VL-VU de Bellas Artes de Ámsterdam,1979-1985) deja una impronta de austeridad indeleble en una obra que, combinada con su propia personalidad, tiende a mantener el mundo pictórico “bajo control”: cierta influencia de la relación trama-urdimbre propia del tejido y una acción pictórica restringida en la expresión del gesto y en el uso del color son observables en el desarrollo procedimental de una producción que se articula en torno al eje argumental de la “La Naturaleza” y las muchas implicaciones simbólicas y/o filosóficas que la acompañan (Waden, de Thoreau, etc). Técnicas mixtas, tintas chinas puras o combinadas con acrílico de forma circunscrita, alguna puntual pequeña pintura-pintura… los mundos naturales de Pennings, encarnados esta vez en la vida secreta de los bosques, se estructuran siempre en términos simétricos o en torno a “centros” de atracción armónica con tendencia a conjurar todo peligro, a “maniatar” cualquier atisbo de irracionalidad… Y, sin embargo, muchas incertidumbres permanecen allí, en el despliegue espacial de las ramas, agazapadas entre las hojarascas o entre los musgos y los líquenes, exhalando un aroma de “misterio” para estimular la imaginación del espectador.

La artista se recrea en la visión de espacios boscosos, y a menudo confiere a los ramajes el papel protagonista; frondas y espesuras que se despliegan sobre el soporte como un camino “iniciático”, propuesta de un viaje para la mirada que debe intrincarse en un mundo eminentemente dialéctico, atravesar lo libre y lo domesticado, lo presencial y lo ausente, lo físico y lo metafísico…  

Cuando Pennings decide condensar sus imágenes y focalizar el campo de visión en aras de revelar “lo diminuto” -aquel lugar donde la imaginación encuentra los más grandes tesoros (Bachelard, “La poética del espacio”)- la magia se concreta en ocasiones en unos habitantes híbridos y extraños, silvestres pero muy humanos a la vez, a imagen de los descritos por su compatriota el poeta Lucebert en sus versos de “La carne se hizo verbo”[*]:

 

“…ahora vuelven a abrirse las jaulas de la poesía

para los bichos de miró

una pulga una gusarapa nocturna un escarabajo batanero

con tentáculos que palpan la palabra…”

 

Seres de un bosque primordial que saben revelar al espectador la verdad potencial que atesora toda fábula, toda la autenticidad de lo poético.



[*]“Ocho poemas de Lucebert (Traducidos del neerlandés por Agustín B. Sequeros). Revista Colombiana de Pensamiento Estético e Historia del Arte, Edición nº 6, Julio-Diciembre de 2017, p. 212

Juan Ignacio BERNUÉS SANZ
Miembro de AACA, AECA y AICA, Doctor Europeo en Historia del Arte

Fecha de Entrega: 18/12/2018
Fecha de Admisión: 19/12/2018


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