Número 45 | Diciembre de 2018
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La quietud, la lentitud, el abrigo de la inactividad y el desamparo de la meditación
Geldirik / Inmóvil Mapamundistas 2018, Pabellón de Mixtos, La Ciudadela, Pamplona
 
 

Cuando nos retorcemos por un atisbo de consuelo, acude un recuerdo, una fantasía, un escenario donde una vez fuimos realmente felices. Probablemente aquel fútil momento no hubiese sido real de no ser por condicionantes tan asombrosos, tan deliciosos con el silencio, el mitigamiento, la respiración, el tránsito o trance y la fresca fragancia fraccionada de la nada, que en los devenires más imprevisibles se crea, para que en nuestra agonía se recree en tantas formas como a uno le plazca.

Estudios psicológicos y numerosas investigaciones antropológicas han respaldado ampliamente el hecho que nos cuenta cómo nuestro cerebro funciona óptimamente si cumplimos con la premisa de encontrarnos en un estado de huída hacia las obligaciones preestablecidas que -regulando nuestra activación fisiológica- acaba por originar actividades en las que realmente nos encontremos cómodos. Experimentamos así episodios de alta productividad intrínseca. Esta aparente contradicción entre dejar de hacer esto, para disfrutar no haciendo nada y acabar por hacer más de lo que al principio hacíamos, nos ayudará a comprender las claves de la productividad cultural, y sin duda hará que nos replanteemos la dinámica de vida que muchas veces nos sentimos forzados a llevar en una sociedad cada vez más veloz.

De alguna manera, en este décimo aniversario de la residencia Mapamundistas, que anualmente convoca el Centro de Arte Contemporáneo de Huarte, merece la pena centrarnos en la idea del no-hacer como vehículo para repensar el trabajo y motor desencadenante con el cual iniciar tentativas discursivas orientadas hacia la calidad formal de la pieza a través de un cuidadoso “partir de la idea.” Son estas las premisas que definen la temática de Geldirik / Inmóvil.

Podría empezar hablando de la crítica al éxito con la que el artista Thomas Tudoux nos recibe nada más subir las escaleras de la histórica sala abovedada del Pabellón de Mixtos. O por qué no, del semi-erótico gimnasio que Eva Fàbregas plantea en la cúpula anexa y que tanto ha incitado al placer somático de nosotros, los espectadores. Igualmente podría partir comiéndome el bizcocho desde dentro hacia afuera y saborear con cada palabra escrita la flamante videoinstalación de Tabata Ayako, aquella Hanabi-ra o La Caída de los Pétalos donde la vida de un posible miembro de la Yakusa se sirve sobre una bandeja de pura poesía visual…

Mas, creo que prefiero comenzar desde el final de esta multidisciplinar muestra expositiva, situándome de la mano de las inquietantes fotografías de Agnés Geoffrey donde experimenté un traslado a la brutalidad y sobrada intensidad del momento temporis. Esta sensación de estar a solas con el tiempo, que nos alarma, que nos persuade una vez hemos aceptado ingenuamente la invitación a mirar de cerca estas imágenes, dándonos cuenta de la fragilidad de toda vida. En la mayoría de ellas, de pequeño formato, podemos observar la consecución álgida de la traslación física de un cuerpo humano aún latente, hacia aquel escenario en el que se sugiere que acabarán sus días. Ser siempre conscientes de lo endeble de nuestras vidas y actuar activamente en consecuencia renovando valores es el mensaje que podemos sustraer de esta exhibición que recibe el título de Los Suspendidos. Por ejemplo, en una de las fotografías (Laura Nelson, 2011-2012, Serie 4, Gestos Incidentales) descubrimos a una señora afroamericana ahorcada en un árbol,…pero la soga no está.

Con 33 notas de Patxi Araujo, nos recogemos en sensaciones que van desde la incomprensión hasta el más absoluto de los silencios. Algo que el pamplonés nos invita a experimentar con una instalación que combina procesos de captura, trasducción, amplificación y retroalimentación para su perpetuo movimiento. El miedo impera en la oscura atmósfera donde el esquelético sonido de los mecanismos se funde con el efusivo habla de un anaranjado político al tiempo que una refinada y ultra-ralentizada versión del Himno de la Internacional Socialista viaja desde la computadora hacia un gastado fonógrafo. Un sistema que sin duda daña los sentidos, donde pareciera que la televisión fuese en realidad la cabeza pensante del político de su pantalla, y los elementos que la siguen, los que revelan de su mentira. Ergo, de la que nos controlará si miramos la “caja tonta”.

Continuando en este reversible recorrido, entre Agnés y Patxi nos topamos con la artista japonesa más conocida como Tabaimo, la cual nos invita a reflexionar sobre el paso del tiempo interno a través de la proyección de un vídeo donde se puede ver la animación de un hombre desnudo dándonos la espalda. En su piel tatuada asoman enormes crisantemos, lo que nos lleva a sospechar que se trata de un presunto Yakusa. Esta video-instalación trata sobre la encarcelada vida que los miembros de un clan de estas características arrastran condenados de por vida. Observamos con detenimiento el caer de los pétalos de su espalda, que poco a poco lo desvisten de tinta. Cada pétalo es un mandato cumplido más. Una irruptiva orden que acatar hasta que un cuervo pasa lamiéndolo con su sombra y las flores pierden su forma con mayor letanía. Hemos llegado al punto en el que lo siguiente en caer es el dedo meñique de su mano derecha, en clara alusión a un aspecto del seppuku, el juramento de inquebrantable lealtad que los antediluvianos samuráis efectuaban seccionándoselo con un pequeño cuchillo ante el emperador. Por su puesto que, en esta poética visual no se ha recurrido a la aversiva simpleza de la herida, sino que la proyección se ciñe en revelar la realidad de la otra cara de la ordenada cultura japonesa sirviéndose de algo tan inocente como una flor. El tattoo adquiere mayor vitalidad que el individuo que los porta. Un sello controlador. La tortura de un constante recordatorio del tiempo limitado del que cada uno disponemos hasta morir, puesto que al dedo le sigue el total desmembramiento del resto del cuerpo.

No puedo concluir esta crítica sin antes referirme a la que para mi fuese la estrella de la exposición. Thomas Tudoux con sus siete obras ocupaba la mitad del espacio total. Si en los anteriores ejemplos hemos tratado con ideas que nos acercan hacia las etapas finales de una vida, con Thomas nos centraremos en el germen del problema que hace que nuestro tiempo vital sea tan controlable. En 2015 realizó un experimento social en un centro de educación primaria de Vesseaux y otro de Veyras (Francia) en el cual pidió a los niños que le pusieran nota a su recreo. Ello se vislumbra en la pieza audiovisual Recréation (Recreo) donde en formato entrevista los alumnos hablan sobre los criterios de evaluación que aplicaron y sus impresiones con respecto a la petición de Tudoux.

Si tienes muchas reglas

eres menos libre…”

Llegó a decir uno de ellos a lo que se viene destapando como un afilado sistema de masas que desde tan tiernas edades nos inculcan sobre el principio de competitividad, y que siempre actúa a modo de distribuidor del usufructo del tiempo. Entonces, en lugar de jugar y pasarlo bien, los niños estuvieron más por la labor de actuar consecuentemente en favor de aportar la más alta calificación a su recreo. Esta constante presión que la competencia ejerce realza también el símil con Graals 2017 (Griales), que se presenta a modo de una colección de trofeos muy similares a los que solemos ganar de niños en la infinidad de actividades extraescolares a las que nuestros padres nos apuntan. Todos ellos dispuestos en baldas de pared, están hechos íntegramente de cera y han sido prendidos. Por tanto, nos quedamos ante una estampa fundida.

El egocentrismo que dio a luz a la inocente subida de autoestima inicial de un niño que gana un galardón, en el tiempo se consume con la llama de la ambición. Precisamente de la pérdida de la inocencia. A fin de cuentas, acabamos viendo solo un objeto en forma de trofeo con el cual ya solo mantenemos una relación material puesto que su simbolismo, el éxito que representa, es efímero.

“Mapamundistas 2018” fue inaugurada el 21 de septiembre y clausurada el 28 de octubre de este año y en ella también contamos con la presencia de artistas como Susana Velasco, Amaia Molinet y José Ramón Ais. Ha sido comisariada por Alexandra Baurès y principalmente patrocinada por el Gobierno de Navarra y el Ayuntamiento de Pamplona

 

 
Remo MAKATZAGA KORRES
Alumno del Grado en Bellas Artes, Universidad de Zaragoza

Fecha de Entrega: 13/11/2018
Fecha de Admisión: 23/11/2018


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