Número 44 | Septiembre de 2018
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Entrevista a Ignacio Fortún
Gran Premio AACA 2017
 
 

La obra de Ignacio Fortún es como el devenir de un río, que a veces se hace más íntimo y otras se deja acariciar por los entornos que recorre. Son "Escenarios de las Memoria", como lo describió Félix Romeo Pescador. Espacios urbanos o rurales, incluso desiertos. Un viaje en el que zambullirse y nadar  mientras el tiempo va dejando su huella. El artista camina parejo a la evolución de su pintura. Con miedos ante los nuevos retos pero con aciertos en el lenguaje que va explorando. De todo esto nos habló en la exposición antológica "Mirada y relato" que tuvo lugar en La Lonja de Zaragoza del 6 al 31 de diciembre de 2017 y por la que obtuvo el Gran Premio AACA.

 

P. Usted es un artista metódico y constante. No se siente vértigo al ver el resumen de una intensa trayectoria en una exposición?

R.- Desde el inicio trabajé para que no fuera solo la exposición que contara mi trayectoria, mi interés se acentuó  par que los cuadros  se encontraran  con un espacio que les fuera propicio, para de nuevo contar su historia.  Es por esto,  que no sentí  especialmente el peso de una trayectoria, mas bien me asomaba a un camino donde poder releer mi propia obra.

El verdadero vértigo y también miedo,  lo sentí 15 días antes de la inauguración, en el transcurso del montaje de los dos últimos espacios;  el final de un recorrido, que desde que se concibe la exposición, quise que tuvieran un marcado carácter escenográfico.  Partía de otras experiencias en montajes más pequeños, también de lo descubierto en mi primera exposición con tratamiento de luz en Jardín del obrero.  ( Casa de los Morlanes, 2003). Aunque esboce un diseñó  en el que se  preveía la posición de la obra,  el color de las paredes  y la temperatura y color de la luz, sabía también que por las peculiaridades del espacio, todo quedaría en manos de lo que fuera capaz de ver y resolver en una semana,  pasado ese tiempo no había vuelta atrás. Una semana emocionante y muy intensa llena de descubrimientos, pero también con miedos, que afortunadamente, me ayudaron a despejar algunos colegas y amigos con afinado sentido crítico,  a los cuales invité  en momentos puntuales del montaje.

 

P. Para esta exposición estuvo meses revisando su obra. Cual fue el proceso final de selección de las obras? Que relato quería mostrar al público?.

R. En  todo este tiempo, con frecuencia pensaba: este cuadro, o aquel otro, realmente, cuantas personas han tenido la oportunidad de verlo, de disfrutar de él, o de no disfrutar. Cuantas veces el cuadro ha podido contar su historia. Y digo “su” historia, puesto que  uno de los hallazgos  más apasionantes en el transcurso de dar forma a la exposición,  es descubrir como había cuadros que, pasado más de veinte años,  habían cobrado una nueva dimensión y  un lenguaje que iban mas allá   de mis pretensiones iniciales. Y así mismo, otras obras en las que confiaba, recordando su primera exposición, se desvanecían quedando tan solo como una anécdota.

Y con esa premisa trabajé,  para un relato en el que la  historia fuera tan importante como los actores; los cuadros.

Este  relato esta ligado a mi experiencia personal, a mi forma de mirar en el transcurrir cotidiano y en el viaje. Emociones, desarraigos y sueños están presentes en las series con las que he abordado mi trabajo. Esto lo tuve presente en la selección de la obra,  pero sin que esto delimitara el relato, sin que lo acotara bajo un orden cronológico estricto. Se trataba de que diferentes series se pudieran entrelazar en un dialogo. En esta elección de obra, tuvo un  mayor peso la  capacidad de relación y comunicación de cada cuadro con sus próximos, y en  las composiciones de conjunto, su aportación al equilibrio y al  ritmo en el recorrido. Como he contado anteriormente, se trataba de crear un camino que facilitara momentos para la intimidad la duda, el rencuentro y  la sorpresa.

 

P. Sus cuadros de los años 80 -con los que se inicia la exposición-, estas plagados de ironía y de crítica. Irreverentes e iconoclastas. Ahora, pasado el tiempo, nos preguntamos cual era la mirada que quería trasladar en ese momento de la historia?

R.-Me resulta difícil concretar qué tipo de intenciones me llevaron a abordar estas obras; claramente una necesidad de provocación, como una catarsis para despegarnos de la historia gris en la que habíamos nacido. Era necesario contar como nos veíamos. Descubrí al hombre en su cotidianidad, y en las iglesias ví escenarios donde podía ocurrir de todo. Pero también fue un despertar en la pintura de una manera intuitiva, sin ningún tipo de referencias, maestros, ni técnica; impulsado más por las ganas de comunicar que por el placer de pintar. Pienso  que era ese atrevimiento esa forma de lanzarme a contar historias, lo que hace que estas obras,  al día de hoy, sigan despertando interés  provocando una sonrisa.

 

P. En su obra color y dibujo son trascendentales. La figura se diluye y el paisaje adquiere protagonismo. Por que?

R.- En esos comienzos intuitivos, el dibujo y el color eran las herramientas con las que me podía encontrar más seguro, estos ordenaban la lectura del cuadro, a veces con  resultados aparentemente ingenuistas. Pintaba sin preocuparme especialmente por la luz o la atmosfera de una escena.

A la vez que mi forma de mirar se hacía más consciente, descubría el paisaje  próximo, el que nunca mirábamos y que también era el paisaje de las familias pintadas.  Este paisaje fue el escenario en el cuadro del “ butanero” . Esta obra sería la puerta para salir de los interiores,  liberarme de la figura del hombre, y abrirme hacia el exterior. Más interesado  por la presencia de su huella en un paisaje, que mostraba sus heridas   y el lenguaje  de su luz.  La obra colorista de los inicios fué dejando paso a la búsqueda de  una atmosfera. 

 

P. El paisaje se hace más opresivo, devastado, surge la penumbra y las cenizas. Y después el desierto. Cómo es esa evolución?

R.- Todo este recorrido por el paisaje nace y se acrecienta a lo largo del tiempo en la consciencia de la mirada; una experimentación que pasa por estar en el lugar, respirarlo y sentirlo. En este encuentro con el paisaje, muchas veces fortuito, es  donde se genera la pulsión, el desencadenante de un posible proyecto en el que profundizar y experimentar. En el cuaderno que siempre me acompañaba, quedaban reflejados estos instantes, la esencia de todo lo que vendría estaba en sus trazos

Como he dicho anteriormente, siempre me ha interesado todo aquello, que por lo general nos pasa desapercibido,   queremos evitar, o nos resulta incomodo. La vida y la historia que hay tras lo aparentemente inerte. Y esto ha pasado a lo largo de todos los ciclos en los que he trabajado;  los paisajes donde en su ausencia se vislumbra  la presencia del hombre, lugares que nos cuestionan su existencia en un proceso de muerte y renacer;  Paisaje límite, Ceniza húmeda  y Desierto.

Este transito fue  acompañado por la experimentación en el tratamiento de la luz y la síntesis del color, sin perseguir una pintura realista, más bien una  pintura que nos hiciera preguntas y que acogiera la emoción

 

P. A finales de los 90 empieza a trabajar sobre la incidencia de la luz en superficies de cinc. Cómo surge esa búsqueda?

R.-La etapa final de la serie  Desierto coincide con mis primeras experiencias en el terreno del grabado. A  la vez que me adentro en esa técnica, descubro en la plancha de zinc algo más que la matriz de su estampa. Me resultaba especialmente sugerente, la capacidad expresiva de la huella en el metal.

A partir de aquí, de manera intuitiva,  la búsqueda se desarrollaría al unísono en dos planos: en el descubrimiento y la experimentación en una nueva superficie (el zinc)  indagando en sus peculiaridades expresivas: materia y luz. Y por otro lado, el hallazgo en el paisaje urbano el escenario donde seguir profundizando en  mi lenguaje. Ambas búsquedas se alimentaban una de la otra;  el metal de la personalidad del barrio representado, sus luces y  sombras. A su vez, sus calles o edificios nacían en una  dimensión donde  la luz no sería  pintura en el cuadro, sino que  nacía de el. El reflejo de luz en el metal aportaba a estos paisajes la atmosfera idónea donde poder crecer.

Como sucede con muchos descubrimientos, la casualidad y la observación van de la mano, y así ocurrió en mi obra: un cuadro en el caballete  casi concluido, la jornada termina y apago la luz. En ese momento la atmosfera nocturna de la calle se adueña del estudio,  la luz ámbar  de una farola cercana, queda reflejada en la superficie metálica del cuadro. La farola se ha trasladado a las calles pintadas en el cuadro. Es aquí donde salta la chispa, casi en la penumbra, adivinaba algo diferente 

 

P. Su investigación sobre la luz le llevado en esta exposición en La Lonja de Zaragoza, a poder mostrar los cambios que se producen en su obra, según el ángulo en el que se posiciona el espectador. Es decir, a medida que recorremos el cuadro, éste modifica su visión. Cómo llega a este concepto en el que plástica y percepción sensorial van de la mano?

R. Desde los inicios, mi trabajo sobre las planchas de zinc lo he desarrollado en el estudio bajo la luz uniforme y plana de los fluorescentes,  o acompañado de la luz natural,  dejando que la obra se expresara, sin buscar un efectismo que le otorgara una atmosfera concreta. Esto me  ha permitido constatar - como contaba en la pregunta anterior-  que cuando  la obra se ubicara en otro espacio,  o con otra luz,   lo casual y fortuito  aportarían a la obra  nuevas cualidades

Pero si el cuadro se comporta como un espejo, y lo fortuito genera movimiento y expresividad,  porque no experimentar en todas las variables posibles, en cuanto al color de la luz y configuración de la obra en el espacio. He perseguido de esta forma,  llevar al espectador a una dimensión más teatral, o incluso cinematográfica, donde lo emocional tuviera una mayor acogida. Trabajando con diferente intensidad y temperaturas de color, la capacidad de mutación y movimiento aumenta, dando lugar a múltiples  atmosferas. La naturaleza nos lo muestra; un mismo paisaje lo  observamos diferente según sea la estación y el momento del día.

Con estas propuestas, que he podido desarrollar a lo largo del tiempo, en diferentes formatos y lugares y en Lonja con  una mayor capacidad de medios,  he buscado siempre la complicidad del espectador,  proponiéndole, que en ese encuentro y caminar alrededor de la obra, sea él, con el juego de la mirada,  el  que  reescriba o concluya mi trabajo.  Y pienso  que es posible,  porque  yo mismo, en la creación de estos nuevos escenarios estoy  reinterpretando mi propia obra otorgándole una nueva dimensión.

P. Paisaje, figura y mirada, van de la mano en su obra. Espacios urbanos ausentes de figuras. Lugares comunes donde coinciden desconocidos en tránsito. Y al final el mar.  El agua como elemento que traslada el dibujo de la plancha, la abrasa y luego deja discurrir por su superficie el óleo. Y ahora ¿cual es el camino a seguir?

R.-  De nuevo la ciudad,  y  un camino cotidiano que me invita a nuevos escenarios. En la Lonja ya pudimos ver tres obras que eran el preámbulo de esta nueva serie:  Canal, camino y frontera.

El  paseo cotidiano por las orillas del Canal Imperial, acompañando  a mi perra Kira lo convierto en un caminar consciente, atento a lo que el paisaje me cuenta; su historia,  su naturaleza y  las luces y sombras de un urbanismo, que habla de nosotros. De nuevo en este deambular,  descubro otra ciudad hasta entonces tan apenas intuida.  Como ya ocurrió en otros barrios que habité, sus calles y espacios se convierten en lugares donde hacerme preguntas, donde ensimismarme ante  una apariencia vulgar.

Desde la orilla del canal que corresponde al barrio de La Paz, contemplo como si fuera una gran proyección las diferentes panorámicas de Zaragoza, pero con una extraña sensación, que va desde el vínculo al extrañamiento. La franja de agua es el lugar  desde donde mirar y a su vez  el camino que nos muestra su naturaleza cambiante y  los vestigios   de lugares que fueron habitados, cuando la ciudad  aun estaba muy lejos. Pero también la ciudad que creció hasta topar con su frontera de agua, que como en  otras ocasiones, lo hacía ajena, de espaldas al ingenio y a la naturaleza  que este camino de agua nos brindaba.

Zaragoza es una ciudad dura, y el canal  un lugar que propicia la escapatoria a la imaginación.

 

Desirée ORÚS
Presidenta de AACA

Fecha de Entrega: 16/09/2018
Fecha de Admisión: 18/09/2018


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