Número 42 | Marzo de 2018
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Confort Hell
Exposición de Karto Gimeno en Centro de Historias de Zaragoza
 
 

El ámbito domestico, a priori escenario confortable y protector, puede tener otras caras más inquietantes y todas ellas son analizadas por el artista afincado en Zaragoza Karto Gimeno (1972).

El Espacio tránsito del Centro de Historias de Zaragoza recoge desde el 20 de febrero al 15 de abril, la obra más reciente del artista bajo el título de “Confort Hell” (Confort infierno). Se trata de una serie de imágenes fotográficas, un diorama y una instalación colocada en el centro del espacio expositivo que recoge algunos de los elementos recurrentes en sus fotografías.

Karto Gimeno es diseñador gráfico y fotógrafo.

Ganador del Primer Premio del Concurso fotográfico Joaquín Gil Marraco (Ayuntamiento de Zaragoza, 2003) y también el Primer Premiodel Concurso Santa Isabel de Portugal (Diputación Provincial de Zaragoza, 2011), ha realizado exposiciones individuales y colectivas durante los últimos años, en algunos casos tan destacables como “Entreacto” (Galería Lasala, Zaragoza, 2012), “Creando creciendo” (Palacio de Sástago, Zaragoza, 2012) o “Destinesia” (Galería Stephen Romano, Nueva York, 2016).

Debemos destacar igualmente algunos de sus trabajos de diseño editorial para empresas como IMAGINARIUM, RevistaA5 Magazin, Editorial Xórdica y Drume Negrita o MBM Records, entre otros.

El título de esta exposición “Confort Hell” es un juego de palabras que según indica el autor, hace referencia irónica a la marca de zapatillas Confort Gel de un anuncio de tele-tienda, lo que nos anticipa tres conceptos que van a articular toda la muestra: Ironía surrealista, Hogar y Cultura Mass Media.

Sin embargo estos tres elementos como veremos, aparecen recubiertos de una delicada y exquisita pátina cercana a lo pictórico, una estructura de sólidos cimientos teóricos con la cuidada composición de un forense en plena disección.

Y es que el objetivo de toda la muestra según Karto Gimeno es precisamente desmenuzar y escudriñar como el ambiente domestico muta su significación -tradicionalmente protectora y blanca-, en función de la alteración de elementos propios de este medio, a un entorno oscuro y peligroso según la percepción de nuestra mente.

Comenzaremos precisamente destacando respecto a la distribución del espacio, como la organización del entorno expositivo replica la composición de sus fotografías, en las que siempre aparece el suelo y el fondo desde un punto de vista de eje central respecto al espectador.

Estos planos fijos dotan a sus obras de una falsa sensación de estabilidad que contrasta con la tensión narrativa provocada por la combinación de sus elementos a veces en equilibrios imposibles.

De hecho las composiciones parecen estar estructuradas como dioramas fotografiados en los planos que interesan diegéticamente al artista, a modo de escenografías sin actores.

Estos conceptos relacionan la obra de Karto Gimeno con lo teatral y cinematográfico, llegándose a romper la virtual cuarta pared no solo en sus fotografías, sino incluso en la instalación central realizada a partir del mobiliario y objetos que aparecen en sus obras. Ello produce un efecto sorpresa al espectador, que alcanza lo inmersivo cuando de repente el visitante ya no ve desde la distancia estos espacios, sino que forma parte de ellos.

A esto podemos añadir como el hecho de que las obras no lleven título, obliga al visitante a involucrarse en ellas buscando títulos en su imaginación y elucubrando a ciegas sobre las motivaciones de su creador.

Nos adentramos en fin, a un mundo poblado de detalles y asociaciones imprevistas y/o codificadas, comenzando ya desde la peana que ofrece las Hojas de sala y que el artista ha integrado en el espacio expositivo mediante la pintura de la misma y el detalle de un pequeño dragón recurrente en su obra.

Lo cierto es que el universo de Karto Gimeno está ubicado en esta exposición dentro del mundo doméstico, del espacio íntimo. A partir de mobiliario de casas de muñecas como sillas, sillones orejeros, taburetes, camas o mesas pintadas en tonos blanquecinos, el artista recrea mundos oníricos y surrealistas mediante la inclusión de elementos discordantes como embudos negros o blancos, varas y jarrones en rayas blancas y negras, pero sobre todo con dinteles. Mediante estas estructuras escuadradas a 90ª a modo de bastidores de pie, se profundiza en el concepto del espacio interdimensional, de un concepto interior-exterior que incluso a veces apostilla el artista con la inclusión tras el dintel de una puerta que se abre quizás al subconsciente o al propio recuerdo.

Y es que en definitiva toda la muestra responde a un juego de mensajes cifrados y personales del Gimeno, en cuyo despliegue descubre cómo hacer partícipe al espectador -que aunque no los comprende-, percibe la tensión de lo invisible.

Según reza la Hoja de sala: “Tendemos a creer que el hogar es un lugar seguro, nuestro territorio infranqueable. Alejado de las tensiones externas.” Y así es, la esencia de nuestro espacio íntimo es precisamente su carácter protector y la alteración del mismo efectivamente resulta perturbadora. Pero además el Hogar y su representación en el Arte es para muchos un reflejo del subconsciente y nuestras vivencias.

Conocida es la comparación del psiquiatra suizo Carl Gustav Jung (1875-1961) de nuestra alma con un edificio y la del austriaco Sigmund Freud (1856-1939) de nuestro subconsciente con una casa, pero fue este último el que mejor definió lo perturbador, lo inquietante y lo siniestro del espacio íntimo como antítesis de lo confortable con el término alemán “Umheimlich”. Tras analizar este vocablo y su significado en diferentes culturas llegó a la conclusión de que “Umheimlich sería todo lo que debía quedar oculto, secreto, pero se ha manifestado” (Freud, 1974:17)y esta reflexión toma cuerpo aquí, pues la rigidez y estatismo, además de los elementos compositivos, nos trasladan a una especie de inquietante escenario metafísico propio del Surrealismo, fuente de inspiración confesa por otro lado de Karto Gimeno respecto al artista italiano Giorgio de Chirico (1888-1978) y sospechamos el belga René Magritte (1898-1967) tras integrar como sesgo humano una negra figurilla con bombín. Pero es que todo respira un aire onírico en estas puestas en escena llenas de escaleras hacia la memoria, puertas al inconsciente, micro-casitas de muñecas apiladas unas sobre otras e incluso baúles con secretos, libros, lunas, bustos o calaveras con las que el artista parece homenajear por momentos a Salvador Dalí (1904-1989) y Remedios Varo (1908-1963).

Sin embargo en estos espacios, la importancia del objeto no solo radica en lo surrealista, sino que a menudo posee un corte apotropaico que se transforma en elemento de tensión como decíamos, fruto de sus asociaciones poéticas inesperadas, de sus situaciones en ocasiones forzadas –como por ejemplo la silla situada en equilibrio sobre la vara blanca y negra o incluso colgando de una cuerda del techo en la instalación-, pero muy en concreto de la luz empleada.

La luz lo cambia todo y puede convertir un espacio acogedor en la percepción de un entorno hostil, casi en el escenario de un crimen. Si a ello le sumamos su capacidad de generar sombras, entendemos que el artista ha sido en todo momento muy consciente de su poder perturbador.

Resulta curioso de hecho, como en muchos casos elimina las sombras proyectadas de los objetos de la composición para general irrealidad, sensación que se acentúa con la personal adición de fondos fotográficos reales tratados, que a modo de tapices pictóricos de tradición teatral, muestran paisajes exteriores de naturaleza o plenamente urbanitas, pero siempre en contraste con este mundo interior.

La geometría también es una característica importante dentro de estos espacios. Figuras ajedrezadas, círculos y rectángulos de aparente moqueta en el suelo -en colores sanguíneos o combinados como un arcoíris-, pueblan un espacio compositivo donde estas figuras geométricas se levantan del suelo en tres dimensiones en forma de varas cilíndricas, frutas, vasijas o embudos y plintos, dinteles o puertas frente a nosotros.

En las composiciones predominan las texturas suaves del hogar con el exquisito coloreado de los elementos que delatan los conocimientos del diseñador grafico y su gusto por la pintura. A momentos la combinación de estos colores resulta un guiño a lo circense, temática ya empleada por Karto Gimeno en alguna de sus fotografías anteriores.

Abundan los suelos y paredes oscuras, terracotas, verde musgo e incluso negro, frente a los elementos objetuales en blanco, negro, rojo, verde jade o naranja que trascienden sobre los fondos fotográficos terrosos y de aspecto y tratamiento cromático decimonónico, mas acusado si cabe por un efecto atmosférico difuso que acentúa su significado psicológico y lo acerca incluso a las técnicas de la ilustración.

Lo tormentoso y desapacible del fondo exterior preludia el estado emocional –quizá más nostálgico o desconcertado, que aterrador-, del interior aparentemente poblado de objetos que nos ofrecen su mensaje.

Solamente hay espacio para las figuras de algunos pájaros en estos panoramas inertes y yermos donde lo humano tan solo se representa a través de un pequeño muñeco sin cabeza y otros con cabezas coronadas por diferentes sombreros, incluyendo –como no-, un bombín.

De hecho este pequeño muñeco ha sufrido una transición importante respecto a exposiciones anteriores en las que Gimeno ya había contado con él y su cabeza. En esas muestras el pequeño muñeco llevaba una indumentaria en rayas blancas y negras, junto a un moderno corte de pelo pintado. Hoy su aspecto además de decapitado, es blanco y aséptico, casi como el de un maniquí, elemento por cierto muy surrealista.

Precisamente este pequeño elemento que en su hieratismo y en su aspecto original emparenta con aquellos muñecos de plástico de los años ochenta llamados Clik, no es el único guiño a la Cultura Pop y Mass media, ya que podemos observar como el protagonista de su diorama es una pequeña figura pintada del lobo del cuento en dibujos animados de Los tres cerditos (Burt Gillet, 1933) que la compañía Walt Disney convirtiera en icono. En la escena vemos como se acerca mediante una escalera en un equilibrio fuera de las leyes de la física, hacia la pequeña casita de muñecas apoyada en un pequeño taburete que a su vez se apoya sobre una mesita y esta sobre un plinto. Un personaje de cuento en definitiva, género con el que Gimeno coquetea a escondidas si observamos detenidamente alguno de los tondos que cuelgan de las paredes de la muestra. Y todo ello iluminado por una bombilla semi-filtrada que produce un efecto de penumbra, concepto si cabe más perturbador que la luz o la sombra pues es un espacio intermedio donde todo cabe.  

Así que precaución, porque en este apasionante universo debemos caminar con los ojos bien abiertos ya aunque nos encontremos a nivel consciente fuera de él, las puertas de entrada a las fotografías están abiertas y es fácil cruzar el umbral.

FREUD, Sigmund (1974), Lo siniestro, Madrid: Biblioteca Nueva, en HOFFMANN, E.T.A. (2008), El hombre de arena, Palma de Mallorca: José J. de Olañeta, p. 17.

Ruth BARRANCO RAIMUNDO
Diseñadora e investigadora predoctoral de la Universidad de Zaragoza

Fecha de Entrega: 07/03/2018
Fecha de Admisión: 15/03/2018


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